Texto: Leticia Ayala

Continuamos con este tercera y última entrega que traemos para nuestras lectoras y lectores en el marco de las conmemoraciones de marzo para enaltecer a las mujeres de la Ciudad de México que han dejado huella en la misma.

En este recuento recordaremos a aquellas que lucharon en las trincheras y aquellas que rompieron paradigmas: soldaderas y científicas que han abierto brecha para las generaciones del siglo XXI.

 

Revolucionarias y sufragistas

Desde finales del siglo XIX e inicios del XX, comenzaron a surgir clubes políticos en contra de la dictadura de Porfirio Díaz, destacan entre ellos el Club Femenil Antireeleccionista “Las hijas de Cuauhtémoc”, el cual apoyaba a Francisco I. Madero, pero también insistía en el reconocimiento de ciudadanía para la mujer.

Las normalistas tomarían la causa revolucionaria como propia, incluso crearon clubes políticos en contra del régimen, una de ellas fue María Arias Bernal, quien además fue combatiente revolucionaria perteneciente al movimiento maderista, organizó el “Club Femenil Lealtad” como forma de rebelión contra Victoriano Huerta. También llamada  “María Pistolas”, fue reconocida por Álvaro Obregón como salvaguarda del honor, el decoro y la dignidad de la capital.

María Arias Bernal, alias María Pistolas

El descontento por la disparidad animó a muchas mujeres anónimas a apoyar la causa de la Revolución bajo la promesa de tierra y un mejor futuro: las soldaderas (también conocidas como adelitas). Su labor no fue para nada mínima, se encargaban de cuidar de los hijos que tuviesen que alimentar, curaban a la tropa y por si eso no fuera suficiente se enfrentaban en la batalla con valentía.

Aún con tan intensa participación en la Revolución el resultado no fue del todo favorecedor para obtener la ciudadanía femenina. Madero no sólo no cumplió sus promesas con los caudillos del norte y del sur, tampoco dio derechos a las mujeres que pelearon a su lado.

Soldaderas en un vagón, retrato de grupo. Mediateca INAH.

Mientras en Yucatán se llevaba a cabo el Primer Congreso Feminista, un año después se promulgaría bajo el gobierno de Venustiano Carranza en la Constitución de 1917 la Ley de Relaciones Familiares. Dentro de las instituciones que regula este ordenamiento destacan: el divorcio, la emancipación, el reconocimiento de hijos, la patria potestad, la emancipación y la tutela. Sin duda un gran avance en los derechos de la mujer.

Ese mismo año, Hermila Galindo, originaria de Durango pero habitante de la capital desde los 15 años, sin el afán de ganar, se postularía como candidata a diputada del quinto distrito electoral de la Ciudad de México principalmente con el espíritu de lograr el debate y posible logro del sufragio de la mujer. Increíblemente fue elegida, sin embargo, se le negó el cargo debido a su género.

Hermila Galindo

Para 1919 se crearía en la Ciudad de México el Consejo Nacional de Mujeres que planteaba una mayor emancipación para la mujer, así como igualdad en los salarios y oportunidades laborales.

Con este constante estira y afloja para obtener no sólo la emancipación sino también la ciudadanía y el derecho al sufragio, en 1928, siendo presidente Plutarco Elías Calles, se gesta un nuevo código civil donde las mujeres obtienen una libre disposición de su persona y bienes, con ello las mujeres fueron capacitadas para celebrar toda clase de contratos y tener poder sobre sus propiedades.

 

Feministas y vanguardistas

Una figura mundialmente conocida es la de Frida Kahlo, nacida en 1907 en su adorado Coyoacán. Destaca principalmente su incursión en el surrealismo, fue muralista al igual que su esposo Diego Rivera. Tuvo una vida accidentada y dramática que sería plasmada en sus pinturas, en ellas desahogó los infortunios vividos. Su legado artístico consta de 144 obras, 55 de ellas autorretratos. 

Su obra es referente de la cultura popular mexicana y es recordada como luchadora social a favor del movimiento obrero.

Frida Kahlo Calderón, retrato. Mediateca INAH.

En épocas más recientes sobresale en la ciencia Helia Bravo Hollis quien en 1927 se convirtió en la primera bióloga titulada de México. Nacida en 1901 en la Ciudad de México, estudió en la Escuela Nacional Preparatoria donde tendría como profesores a figuras de renombre de ese tiempo como Erasmo Castellanos, Isaac Ochoterena, Vicente Lombardo, entre otros. En 1929, año de la autonomía universitaria, fue llamada a formar el herbario y estudio de cactáceas mexicanas.

Su pasión e interés por las cactáceas (especies en su mayoría endémicas de nuestro país) la llevó a escribir Las cactáceas de México en 1937, fue promotora del Jardín botánico de la UNAM donde justamente el área de “desierto” lleva su nombre. En su haber se contabilizan más de 160 publicaciones. Existen seis especies y una subespecie de cactus que la inmortalizan en esta área científica.

Helia Bravo Hollis. Link & Otto.

En las letras resalta la poeta Rosario Castellanos, nacida también en la capital en 1925. Es referente del feminismo mexicano, fue duramente criticada por autores de la talla de Octavio Paz, aun así su obra se pronuncia en contra de la discriminación y explora los sentimientos del ser humano.

Fue una de las primeras mujeres en impartir cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en los años 70. Además ocupó cargos políticos y diplomáticos, fue embajadora de nuestro país en Israel desde 1971, lejos de su patria pierde la vida.

Rosario Castellanos, retrato. Mediateca INAH.

Después de la Revolución, con el incipiente empoderamiento indígena, más mujeres salieron de sus pueblos para buscar un mejor futuro. Existen en la Ciudad de México tantas y tantas mujeres que diariamente salen a trabajar, a construir un patrimonio, algunas, no todas dejan huella en la historia del país, están aquellas que llegan a lograr un impacto en su comunidad, una de ellas fue Julia Jiménez González, conocida como doña Luz.

Originaria de Milpa Alta, nacida en 1897, mujer tejedora quien en la búsqueda del sustento se encontró con la oportunidad de difundir las maravillas del idioma así como la simbología nahua conservada en su tierra a través de las obras de Diego Rivera, Jean Charlot, Fernando Leal, entre otros estudiantes de la Escuela de Pintura al Aire Libre de Chimalistac; al ser la musa de estos artistas por su porte indígena aún en la actualidad se puede apreciar su rostro en murales y obras representativas de aquella época nacionalista.

En lo relativo al sufragio de la mujer, aunque ya existía un Frente de Mujeres Mexicanas y un Frente Único Pro Derechos de la Mujer, sólo lograron que en 1937 el General Lázaro Cárdenas enviara una iniciativa de ley para reformar el artículo 34 constitucional como un avance para obtener la ciudadanía.

No fue hasta 1946 que la cámara de diputados aprobó la iniciativa del entonces presidente Miguel Alemán para adicionar el artículo 115 constitucional, ahí se establece que en las elecciones municipales las mujeres participarían en igualdad con los hombres con el derecho de votar y ser elegidas, dicho artículo entra en vigor en febrero de 1947.

Ya con el pleno derecho de votar y ser votadas Aurora Fernández de Milpa Alta, y Guadalupe I. Ramírez de Xochimilco fueron electas delegadas en sus demarcaciones correspondientes.

Aunque existe poca información sobre Fernández, no es el caso de Guadalupe I. Ramírez, quien fue inmortalizada con la avenida más grande que se dirige hacia la parroquia de San Bernardino de Siena. Nacida en la Ciudad de México, se ignora si fue en 1885 o 1895. Fue nieta del político y poeta Ignacio I. Ramírez. 

Estudió la carrera de farmacéutica la cual al parecer no ejerció, también Ciencias Domésticas, Sociología y Filosofía (estas dos últimas en la UNAM) posteriormente hizo especializaciones en la Universidad de Los Ángeles California y en la Universidad de Columbia.

Fue precursora del certamen de la Flor más Bella del Ejido que en ese entonces aún se realizaba en Santa Anita Zacatlamanco. Además, impulsó campañas de alfabetización en su región. No logró concluir su gestión debido a una muerte repentina.

Ya con este avance a nivel municipal, el sufragio universal fue logrado en 1953, entonces, para las elecciones de 1955 las mujeres lograron el tan anhelado derecho al voto.

En un plano más bien artístico, a través del baile, Amalia Hernández Navarro, nacida en 1917, egresada de la Escuela Nacional de Danza, cimentó con paso firme el Ballet Folklórico de México en 1952. Con sus coreografías logró plasmar el colorido, diversidad y riqueza de las expresiones de nuestro país a nivel mundial. Su agrupación se presenta semanalmente desde la época de López Mateos en el Palacio de Bellas Artes.

Amalia Hernández, con sombrero, retrato. Mediateca INAH.

También dentro de las artes no se puede dejar de mencionar a Dolores Olmedo Patiño, quien fue una mujer polémica, precursora del feminismo y el arte en México. Nacida en 1908, fue amiga cercana de Diego Rivera, coleccionista de arte prehispánico y popular mexicano. Dicha colección fue tan vasta que posterior a su muerte da origen al museo que lleva su nombre.

Fue presidenta vitalicia del fideicomiso de Diego Rivera, constituido por el Banco de México; también fue directora vitalicia de los museos Diego Rivera y Frida Kahlo. En 1963 es nombrada coordinadora general del Consejo Nacional de Turismo, con ello logró proyectar a nivel internacional la vida y obra tanto de Rivera como de Kahlo.

Dolores Olmedo, Colección particular de Cecilia Soto, tercer lugar de la flor más Bella del Ejido del año 2000.

Allá por 1925, nació también en nuestra capital Carmen Barajas, quien se distingue en la cinematografía ya que por fortuna desde temprana edad tuvo una gran amistad con Jorge Negrete, quien apoyaría su inquietud por el cine. Fue productora de cine, escritora, biógrafa de su querido amigo, pero también sobresalió como activista feminista.

En el área de la geografía María Teresa Gutiérrez Vázquez nacida en 1927, fue la primera geógrafa en demostrar la utilidad de los mapas para observar el desarrollo y distribución de población en México. Con su trabajo influyó notablemente en los estudios demográficos. Dirigió el Instituto de Geografía de la UNAM en dos ocasiones (1971-1977 y 1983-1989).

Una mujer capitalina que llama la atención por haber incursionado en un área todavía considerada exclusivamente para hombres fue Enriqueta García Amaro, catedrática, investigadora y precursora de la ingeniería en México. 

Nacida en 1928, fue una destacada egresada de la Escuela Nacional de Ingenieros de la UNAM, tanto así que fue galardonada como “la mejor pasante de 1948”. Fundadora de la sección de climatología del Instituto de Geografía de su alma máter, dedicó su vida principalmente a la fotogrametría aérea y a la cartografía, los mapas fueron su pasión. 

Su trabajo contribuyó a la comprensión de las causas de la variación ambiental de México así como a reconocer la importancia de la interacción entre disciplinas científicas.

Áurea Commons, Elena Vázquez y Enriqueta García Amaro.

Como habrá notado la lectora o el lector, hablar de las mujeres de la Ciudad de México es remontarnos a una estirpe de guerreras, mujeres que a diario trabajan, construyen, preservan; pero también que luchan por la equidad y la justicia, ciudadanas que recuerdan a los suyos y a la vez planean un mejor mañana.

Causa indignación que al buscar los rostros de las mujeres que han hecho historia en muchos casos simplemente es casi imposible encontrarlos, abogadas, políticas, científicas invisibilizadas en una época donde ya era posible tener un retrato.

Englobar tantos talentos, personalidades, realidades, contextos, historias, logros conocidos y otros tantos desconocidos resulta una labor ambiciosa pero inspiradora. Tal vez muchas figuras importantes de nuestra ciudad queden fuera de este pequeño recuento, sin embargo, es un estímulo para seguir escarbando, para hallar y conocer a más mujeres que de una forma u otra han contribuido a un mejor futuro.

Se omite deliberadamente la fecha de los decesos de nuestras mujeres ilustres, principalmente porque su lucha y empuje no mueren en nuestra memoria. Son el motivo para seguir luchando por la equidad, tal vez ahora también por la búsqueda de erradicar los feminicidios que desangran la nación. Las mujeres de la capital resguardan la memoria, sueñan, en consecuencia, actúan para mejorar la vida de las que vienen.

 

Referencias:

  • Chávez, Barragán. De Swaan, Carol (compiladoras). Mujeres de Xochimilco. Gobierno del Distrito Federal, Delegación Xochimilco, México, 2000.
  • Huerta, Leonardo. Izeta Kelly, Romina. “Mujeres científicas en México”. Gaceta UNAM, México, número 5162, 2020.
  • Galeana, Patricia. Historia de las mujeres en México. México D.F., Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2015.
  • Galeana, Patricia, (y otros seis). La Revolución de las mujeres en México. México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2014.
  • Galeana, Patricia, (y otras ocho). Mujeres protagonistas de nuestra historia. Ciudad de México, Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2018.
  • Trejo, Irma. “Enriqueta García Amaro (Una investigadora incansable)”. Investigaciones geográficas, número 41, México, 2000.

Leticia Ayala

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNAM, apasionada del patrimonio cultural de la ciudad, reportera casual de la fuente cultural.