En la víspera de año nuevo 2018 las compañeras zapatistas lanzaron un comunicado invitando a las mujeres de México y el mundo a participar en el Primer encuentro internacional de mujeres que luchan, el cual iba a estar integrado no sólo por propuestas políticas, sino también por muestras artísticas, eventos deportivos y culturales construidos por mujeres y para mujeres. Las zapatistas identificaron la urgencia de generar un espacio para encontrarnos, hablarnos, escucharnos y que además nos permitiera reconocernos como compañeras de lucha en un sistema capitalista y machista que día a día atenta contra nuestros cuerpos y nuestras vidas.

En esta primer entrega de nuestra sección: Los+, presentamos cinco relatos escritos por diferentes mujeres, asistentes al encuentro internacional zapatista, quienes nos narran cómo la utopía de “otro mundo posible” fue real y alcanzable en esos tres días del mes de marzo. Uno de los propósitos de esta recopilación es que aquellas mujeres que luchamos, que no pudimos estar presentes, aprendamos desde diferentes miradas lo que implicó vivir este histórico encuentro. Además, mediante este ejercicio, Revista Baladí se suma a la propuesta zapatista de tejer redes de comunicación y organización entre mujeres, al abrir un canal y generar un enlace de experiencias. Razón por la cual, anexamos la dirección de correo electrónico de cada participante.

1.Apostar por la vida en tiempos de muerte

Por Marla Arce Pimienta1

Desde las montañas del sureste mexicano, donde ya hace algunas lunas se empezó a gestar una utopía, chiquita para algunxs, y enorme para otras; desde ese rincón del mundo, las mujeres del mundo que luchamos (nos) hicimos vibrar. El caracol zapatista de la zona IV Morelia se abrió para compartirse con otros pedacitos del mundo, de las mundas que resisten silenciosas, bailando, gritando, sanando y bordando.

El Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, un espacio creado y compartido entre los días 7 y 11 de marzo, en territorio liberado en el sur de México. Según datos de nuestras compas zapatistas, el evento estuvo conformado por mujeres de 27 estados del país y 34 países del mundo, algunos reconocidos por el supuesto “sistema internacional”, y otros que existen porque resisten. Y claro que no estuvimos todas; compañeras kurdas y griegas, mujeres de sures más lejanos que fueron deportadas al llegar, nos recordaron que las mujeres juntas, las que se organizan, las que defienden el territorio y otras formas distintas de vivir, son un peligro latente para este sistema de muerte.

Jamás había estado en un rincón del mundo tan grande en todos los sentidos. Y aplaudo y abrazo a las compas zapatistas, que hasta bien lejos nos invitaron a llegar a su Caracol. Me atrevería a decir y a compartir lo que Federicci ya dijo hace unos días; que la experiencia construida por tantas fue histórica, y no solamente eso, sino fue una chispa que seguramente arderá y perdurará para incendiar lo que duele e iluminar lo que nos da vida.

Las mujeres del mundo que luchamos nos dimos cita para escuchar (nos), enseñar (nos) , aprender (nos), dialogar(nos). Para abrazarnos con el corazón, el cuerpo, el alma y la mente; para mirarnos en las otras que resisten desde los saberes ancestrales de la sanación a través de las hierbas. Para aprender de las compas que acompañan abortos amorosos y seguros. Para compartir el cuerpo y la alegría con aquellas que con la danza, los cantos y las caderas ocupan todos los espacios que nos han sido negados. Para ser resistencia en los territorios de sures que están muy lejos del nuestro, donde la vida se coloca digna frente a la ocupación militar. Para no olvidar a las que resisten desde las cárceles, desde las calles, a las que ya no están.

Del Encuentro salí, pero estoy convencida de que el Encuentro jamás ya saldrá de mí y de todas nosotras. Vivirnos entre pura vida unos cuantos días, nos dejó tocar una utopía chiquita (o no tanto), y reafirmó, al menos en mí, que lo más antisistema que puede hacer una en estos tiempos es apostarle a la vida en estos tiempos de muerte.

¡Que las mujeres vivamos siempre!

1 Feminista chilanga de la Colectiva de las Enredadas, estudiante de Ciencia Política y ferviente creyente de la descolonización de los saberes en la Academia. Poeta de a ratos para seguir apostándole a la vida. Mail de contacto: alram.arcepim@gmail.com

2. Cada quien conoce su rumbo, su modo y su tiempo

Por Regina Gómez Iturribarría2

Las invitamos para encontrarnos como diferentes y como iguales. Aquí habemos compañeras zapatistas de diferentes lenguas originarias. Ya van a escuchar las palabras colectivas de las mujeres de cada zona. No estamos todas. Somos muchas más y es mucha más la rabia y el coraje que tenemos.Pero no nada más por nosotras es nuestra rabia, o sea nuestra lucha, sino que por todas las mujeres que son violentadas, asesinadas, violadas, golpeadas, insultadas, despreciadas, burladas, desaparecidas, presas. Entonces te decimos, hermana y compañera, que no les pedimos que vengan a luchar por nosotras, así como tampoco vamos a ir a luchar por ustedes. Cada quien conoce su rumbo, su modo y su tiempo».

Estas fueron algunas de las palabras que nos compartieron las compañeras zapatistas en la inauguración del encuentro, y es que cuando fuimos convocadas para el Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, la mayoría sabíamos que serían días intensos, de muchos quiebres, pero también de muchas reflexiones y reconocimiento con las otras. Sabemos que posiblemente existen muchos caminos, que cada una se irá organizando por el que crea posible, pero en ese espacio y tiempo todas nos organizamos para responder a nuestras compañeras zapatistas.

Y es que las compañeras han logrado lo que para muchas personas era imposible: ellas construyen colectivamente en la utopía todos los días. Lo dijeron muchas veces en el encuentro, no entienden ni quieren entender cómo desde la academia teorizamos el feminismo y las luchas ancestrales de las mujeres, ellas lo luchan y construyen día a días.

Al encuentro asistimos mujeres de todo el mundo, mujeres indígenas, mujeres negras, mujeres de países periféricos y mujeres de países centrales. Todas éramos bien distintas, eso se reflejó en la diversidad de los talleres y las temáticas de éstos. Desde talleres de danza, fútbol, ginecología natural, bordado, amor romántico, hasta pláticas de las distintas luchas feministas en el mundo. Cuando mirabas las pancartas con las actividades querías estar en todas, escucharlas a todas e intentar compartir lo mayor posible en esos dos días de actividades.

Sucedieron muchos momentos que me rompieron, como escuchar a mujeres víctimas de violencia, a madres que luchaban por sus hijas asesinadas y compañeras que se organizaban a partir de feminicidios cercanos. Pero cuando ellas hablaban, todas las que estábamos ahí las abrazábamos con nuestra presencia y compartíamos su rabia. Ellas lo sabían; nos acompañábamos con las miradas.

Lejos de lo que aprendimos y vivimos esos días en todos los talleres, lo que más llevo conmigo es el recuerdo de las compañeras con las que compartí, con las que platiqué sobre mi vida y construí lazos de amor, sin importar las pocas horas que llevaba de conocerlas. También aprendí a escuchar más y hablar menos, entender mi lugar de habla y mi lugar de escucha y ser mucho más consciente de mis privilegios como mujer blanca universitaria de la Ciudad de México.

Me llevé cientos de reflexiones, la urgencia de recuperar el feminismo a partir de la interseccionalidad de todas las opresiones, de la relación que tienen las mujeres de pueblos originarios con la tierra y lo que significan los despojos. Sobre la repatriarcalización de las tierras y cuerpos, sobre organizarnos todas, quebrar nuestras realidades. Las compañeras cerraron el discurso del 8 de marzo diciendo: Acordamos vivir, y como para nosotras vivir es luchar, pues acordamos luchar cada quien según su modo, su lugar y su tiempo»Y eso nos toca ahora, ¡a organizarnos!

Feminista y latinoamericana, egresada de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. Especialista en Epistemologías del Sur por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO, Argentina. Realizó una estancia de investigación e intercambio académico en Buenos Aires, Argentina y Porto Alegre, Brasil. Comparte y aprende desde la Colectiva Feminista de la NO-FCPyS. Mail de contacto: regoitu93@gmail.com 

3. Primer encuentro de mujeres que luchan en el caracol Morelia, Chiapas.

Por: Ameyalli Buendia3

Estos días en el sureste mexicano me han llenado de paisajes, miradas y fuerza. Muchos recorridos de vida se reunieron y compartieron, convocados sabiamente por las mujeres zapatistas. Fue un espacio de libertad en todos los sentidos. El miedo se ausentó. Las dinámicas adquirían distintas formas y espontáneamente se gestaban otras que no estaban dentro del plan. Eran experiencias que te exigían estar con los sentidos atentos en cada momento.

A nuestra llegada al caracol, las compañeras zapatistas nos recibieron en la entrada para ayudarnos con nuestras cosas y llevarnos al lugar donde colocaríamos nuestra casa de campaña. Había ya muchas mujeres dentro, caminando, saludándose, riéndose, llegando y otras, ya más acopladas, comprando artesanías.  Eran aproximadamente las 11 de la noche, estábamos muy cansadas del camino recorrido. Desde la salida de la Ciudad de México habían pasado más de 20 horas, entre carreteras, paradas y la larga fila para entrar al caracol. La primer noche todas nos acomodamos con nuestras compañeras de camino y nos fuimos a descansar.

El ocho de marzo a las seis de la mañana las anfitrionas nos despertaron con las mañanitas. El sol ya había salido, pero se sentía ese frío del amanecer. Con la emoción y la sorpresa, saltamos del sleeping y abrimos nuestra tiendita de campaña. Nos aventuramos a hacer fila para el desayuno y luego caminamos a la plaza principal donde se encontraban 4 templetes; en el principal las compas se preparaban para un discurso. Frente al templete,  estaban paradas varias filas de zapatistas, así que las invitadas nos acomodamos por ahí para escuchar. Nos dieron la bienvenida y nos contaron cómo surgió la idea del encuentro y cómo se fue consolidando.

En el transcurso del día las compañeras prepararon para nosotras obras de teatro en el templete, además hubo partidos de fútbol entre caracoles y a la par se vendían todo tipo de artesanías y productos, sobre lo que podemos denominar la calzada principal. Los dos días siguientes se llevaron a cabo actividades propuestas por las invitadas como talleres de autodefensa, bordado, danza afroamericana, danza butoh, reiki, proyecciones de documentales, pláticas, conferencias, exposiciones fotográficas, teatro, entre muchos.

Era de ayuda hacer una lista de los espacios a los queríamos asistir, por que eran tantos y tan interesantes que daban ganas de partirse en pedacitos para estar en más de uno. El taller de Danza Butoh impartido por Adriana Portillo fue muy significativo para mí; percibimos a nuestros ancestros en nuestro caminar, observamos los ritmos ajenos y sentimos nuestro ritmo propio a través de ejercicios del movimiento de nuestro cuerpo.

También asistí a una conferencia de mujeres que defienden sus territorios en diferentes lugares de América. Moira Millán, activista mapuche del sur de Argentina, fue una de las mujeres que con sus palabras mostraba su claridad acerca de nuestro presente; por ejemplo, en los momentos que ella habló de  los “derechos vitales”, es decir los derechos de los bosques, ríos y montañas. Habló también de los caminos difíciles que ha recorrido por defender su tierra, y fue ahí cuando su voz firme contagió todas y entonces, más mujeres tomaron la palabra para hablar sobre sus luchas dentro de cada territorio y lo peligroso que representaba esto. El taller, se había convertido en una reunión necesaria para dar a conocer la experiencia de muchas luchas. Mi amiga Inés y yo, solo nos veíamos con ojos de emoción, por que en el lugar éramos tantas que estábamos muy juntas y no había manera de platicar.

Para mí fue impresionante y de admirar que las zapatistas estaban en cada espacio para escuchar las otras formas de expresión, las diferentes propuestas. Además fue una convivencia muy bonita con las amigas con las que iba, con las que me encontré y con las que conocí. En fin, es difícil describir todo lo que viví en la convivencia con mujeres durante esos días, pero me parece una propuesta muy valiosa y agradezco a las mujeres zapatistas por el esfuerzo que hicieron para recibirnos en su casa.

  Estudiante de la Licenciatura en Desarrollo y Gestión interculturales por la UNAM. Mail de contacto: yectell@gmail.com 

4. ¡Sí, otro mundo es posible! Breve reflexión sobre mis aprendizajes en tierra zapatista

Por Dulce Daniela Chaves4

Quiero empezar por confesar que me decidí a participar del Primer Encuentro Internacional de mujeres que luchan, consciente de que esa experiencia me iba a conducir a cuestionar hasta las prácticas más habituales de mi cotidianeidad. Estaba dispuesta a correr ese riesgo, pues nunca me sentí cómoda con esa sensación de estar enajenada por la rutina, por la comodidad de lo conocido, por la disimulada imposición de la cultura. Sé que esa predisposición a desnaturalizar lo introyectado me hace bastante audaz, en un mundo donde el mercado nos dice qué debemos pensar, qué debemos comprar y hasta con quiénes (nos conviene) relacionarnos.

Me asumí como feminista de izquierda hace ya varios años. La fortaleza y determinación de mi madre y de mi abuela me han recordado siempre que el linaje inspira y conlleva implícito responsabilidades de orden ético/social. Marché aquí y allá, argumenté en espacios muy patriarcales, expuse frente a estudiantes escépticxs, escribí una tesis con perspectiva de género en una Facultad y disciplina totalmente masculinizada, estoy realizando otra investigación donde entrevisto a mujeres de toda la región latinoamericana, como acto de reivindicación frente a la ausencia de éstas en tanto creadoras de conocimiento; pero la experiencia en el Caracol de Morelia fue de otro calibre. De pronto mis marcos interpretativos se me tornaron insuficientes para definir lo vivido, pero en este relato lo intentaré.

El primer impacto fue notar la enorme cantidad de mujeres de todo el mundo en tierra zapatista: un escenario cargado de símbolos de resistencia y, al mismo tiempo, un lugar geográficamente periférico. La descentralización de las grandes ciudades y capitales como lugares hegemónicos de producción de saberes y luchas políticas, es muy significativa. “Acá, desde las montañas de la selva Lacandona, también tenemos mucho que decir y enseñar”, parecían gritarnos en todas las lenguas la tierra fértil, el cielo más estrellado que vi en mi vida, las representantes de un ejército que instruyen con valores y no con balas.

En algún momento del encuentro, mi amiga Citla y yo le preguntamos a una zapatista que hacía guardia cerca de nuestra tienda de campaña, si no le daba calor el pasamontaña que llevaba puesto. Impasible, nos dijo que no, que ya estaba acostumbrada. Nosotras andábamos con la ropa más liviana que teníamos y aún así sentíamos cierto fastidio frente a la intensidad del sol chiapaneco. Más tarde me imaginé a esa misma zapatista preguntándonos con ironía: “¿y a ustedes no les incomoda el maquillaje que se ponen en la ciudad?”. ¿No es también, en cierta forma, una máscara (social)?, me pregunté. La diferencia es que mientras en el caso del EZLN sus pasamontañas o sus paliacates son parte de su seguridad y –a posteriori− de su identidad; en el caso de muchas de nosotras, el maquillaje busca ocultar “las imperfecciones” de nuestro rostro, de acuerdo a los absurdos estándares de belleza capitalista, que tanto daño nos siguen haciendo.

Por otro lado, comprobé que el contacto armonioso con la naturaleza es sanador y que la Pachamama nos invita a conectarnos con nosotrxs mismxs. ¡Cuán difícil resulta eso en las grandes urbes, donde el ruido −ambiental, del marketing y de las múltiples pantallas que consumimos− no nos permite escuchar(nos)! “Y mejor así, ¿no?”, pensarán lxs empresarixs inescrupulosxs, los sectores conservadores, la derecha disfrazada de evangelio, lxs misóginxs de siempre. Así se mantiene este status quo de explotación, de sumisión, de esclavitud moderna, de un modo de vida que no nos satisface, pero que nos da pánico mandar a la chingada.

Aprendí también que la humildad y el respeto por las diversidades es una de las formas más nobles de dialogar y convivir. Muestra de ello fueron los servicios de todo tipo que nos brindaron las compañeras zapatistas, para que todas nosotras −extranjeras de esas tierras y costumbres−, nos sintiéramos cómodas y apapachadas. Ellas, mujeres fuertes que son fuente de inspiración para millones de personas en el mundo, nos dieron cátedra de lo que desde la academia occidental podríamos llamar: feminismo comunitario. Es decir, el pensar en colectivo en medidas que beneficien a todxs y no sólo a unxs pocxs. La cooperación como puente hacia eso que el individualismo y la competencia obstruyen. Otro mundo es posible, me queda claro. Ahora sí puedo decir que lo vi con mis propios ojos. Pero, de este lado de la “civilización”, ¿estamos dispuestxs a construirlo?

Feminista, comunicadora social y tejedora de sueños utópicos. Latinoamericanista, docente, cinéfila y escritora outsider. Sus documentos oficiales dicen que es argentina, pero como internacionalista rebelde, no cree en las fronteras. Deportista de bibliotecas extremas, viajera ecléctica. Investigadora underground, zurdita de la periferia, curiosa de alto voltaje. Gataflora multicolor y poetisa de sofá cama. Distraída, además, se enamora o tropieza. Le apasiona leer sobre sexualidad y necesita migrar cada tanto. Confiesa estar en el contrahegemónico proceso de reconciliación con su cuerpo y su sensualidad. Mail de contacto: dulchaves@yahoo.com.ar 

5. Las lecciones y las tareas que las zapatistas nos dejaron… a ustedes ¡gracias hermanas!

Por Alex GS5

Como ya es del mundo conocido, los pasados 8, 9 y 10 de marzo mujeres de todo el planeta nos pudimos encontrar en el Primer Encuentro Internacional político, artístico, deportivo y cultural de Mujeres que Luchan en el  caracol de la zona Tzot’z Choj, en territorio zapatista, en el estado de Chiapas.Las compañeras zapatistas nos dieron grandes lecciones de organización, de resistencia, de imaginación, de esperanza. Nos ayudaron, desde toda su amorosidad y compromiso con la vida a comprender más allá de nuestros universos, de nuestras creencias, de esos límites (auto)impuestos desde las lógicas sistémicas que a veces, muy seguido, nos limitan la visión. Resistir la agonía desde el ser mujer ya es toda una tarea abismal y en este encuentro nos quedó claro que cualquier forma de sobrevivencia es aplaudible y digna.

En definitiva para mí, las palmas se las lleva la organización y la capacidad de convocar –y como ellas dicen, de recibirnos y hacernos sentir a gusto- a más de 9,000 mujeres que con todas nuestras diferencias pudimos acordar y construir un halo de energía sin igual en la historia del país y en esta nuestra historia de mujeres. Mencionar la cifra de “más de 9,000 mujeres reunidas”, parece algo muy fácil, pero detrás de todo eso ¿Cómo le hicieron las compañeras zapatistas? ¿Cómo se hace para convocar a este sector de la sociedad con todas las dificultades patriarcales que ello implica, en un contexto como el que vivimos y con todas nuestras contradicciones? ¿Qué es lo que compartimos las asistentes del encuentro? En algunos puntos del planeta se han logrado éxitos similares, el ejemplo más significativo para la región es muy probablemente el de las compañeras argentinas que desde 1986 se convocan unas a otras bajo la lógica de un “Encuentro de Mujeres”.

Desafortunadamente –y por muchas situaciones que en este espacio ni vamos a juzgar ni discutir- los encuentros feministas en México cada vez cuentan con menos participación, probablemente para muchas de las mujeres que acudieron a este Encuentro, el feminismo sea algo lejano, que algunas cuantas estudiosas tienen el privilegio de discutir rebuscadamente en un aula, en una organización, o en el mejor de los casos en la televisión; lo que para muchas nos representa una bandera de lucha (también completamente válida y digna), a otras sinceramente les resulta imprescindible, pues aún sin este gafete re(x)isten y luchan.

Por tanto, parece muy obvio y  es muy poco cuestionado, pero el éxito del Encuentro recayó en convocarnos a todas las mujeres: defensoras de las tierra, de la vida, artistas, parteras, indígenas, lesbianas, sanadoras, maestras, hijas, madres y familiares de personas desaparecidas, de víctimas de feminicidio, curanderas, sindicalistas, obreras, deportistas, agricultoras, artesanas, escritoras, poetas, feministas o no feministas -y las que me faltan por mencionar-  todas aquellas que por nuestra condición somos oprimidas.

El pacto de entregarnos en cuerpo y alma y el acuerdo último de VIVIR nos permitió dejar de lado el ensimismamiento de lógicas protagónicas, darnos la oportunidad de sentarnos, mirarnos los rostros, reconocernos en los ojos de la otra y abrirnos a una escucha activa en la que el individualismo alienante se quedó por detrás de las rejas, abandonado en las carreteras de camino al caracol, en las horas de camión, vuelos y caminatas.

No estoy diciendo con esto que sean menos importante los feminismos, las cuestiones de fondo están ahí presentes, la emancipación de las mujeres permanece como la tarea primordial desde todas y cada una de las existencias de nuestras luchas.Sin embargo, quienes nos asumimos desde este posicionamiento las compañeras zapatistas nos dejan unas tareas muy importantes, de mucho compromiso. A continuación comparto una parte del discurso del día 8 de marzo.

Este día 8 de marzo, al final de nuestra participación, encendimos una pequeña luz cada una de nosotras. La encendimos con una vela para que tardara, porque con cerillo rápido se acaba, y con encendedor pues qué tal que se descompone.

Esa pequeña luz es para ti. Llévala hermana, compañera, cuando te sientas sola, cuando tengas miedo. Cuando sientas que es muy dura la lucha, o sea la vida, préndela de nuevo en tu corazón, en tu pensamiento, en tus tripas. Y no la quedes, compañera, hermana. Llévala a las desaparecidas, a las asesinadas. Llévala a las presas, llévala a las violadas, llévala a las golpeadas, llévala a las acosadas, llévala a las violentadas de todas formas, llévala a las migrantes, llévala a las explotadas, llévala a las muertas.

Llévala y dile a todas y cada una de ellas que no está sola, que vas a luchar por ella. Que vas a luchar por la verdad y la justicia que merece su dolor. Que vas a luchar porque el dolor que carga no se vuelva a repetir en otra mujer, en cualquier mundo.

Llévala y conviértela en rabia, en coraje, en decisión. Llévala y júntala con otras luces, Llévala y, tal vez luego, llegue en tu pensamiento que no habrá ni verdad, ni justicia, ni libertad en el sistema capitalista patriarcal. Entonces, tal vez nos vamos a volver a ver, para prenderle fuego al sistema, y tal vez, vas a estar junto a nosotras, cuidando que nadie apague ese fuego, hasta que no queden más que cenizas. Y entonces, hermana y compañera, ese día que será noche, tal vez podremos decir contigo: “Bueno, pues ahora sí, vamos a empezar a construir el mundo que merecemos y necesitamos”. Y entonces sí, tal vez, entenderemos que empieza la verdadera chinga, y que ahorita, como quien dice, que estamos practicando, entrenando pues, para ya estar sabedoras de lo más importante que se necesita. Y eso que se necesita es que nunca, ninguna mujer del mundo, sea del color que sea, de la lengua que sea, de la cultura que sea: Tenga miedo. Porque acá sabemos bien que cuando se dice: “¡Ya basta!” es que apenas empieza el camino y que siempre falta lo que falta”.

Démonos la oportunidad  de recordar cómo nos reflejábamos en sus ojos, de recordar esas luces que prometimos llevar a cada rincón del planeta, seamos autocríticas y desde la innovación, desde la digna rabia reinventemos y reivindiquemos nuestros espacios de lucha, recordemos porqué y para quién existe el feminismo, porque en tiempos de exterminio, ser feminista, ser mujer es un acto revolucionario.

Espacios, luchas y movimientos hay muchos que se posicionan feministas, pero también hay muchos en los que las alianzas entre mujeres son urgentes, imperiosas, un compromiso inaplazable, compartamos entonces esa luz que las hermanas zapatistas nos regalaron con todas las mujeres que lo necesiten y con las que parezca que no lo necesitan,también.

Termino estas palabras compartiéndoles la alegría con la que se llenó mi corazona cuando la noche del 9 de marzo, después de unas gustosas canciones de Batallones femeninos, las compañeras le compartieron el micrófono a Lourdes Mejía, madre de Carlos Sinuhé, víctima de una posible ejecución extrajudicial en octubre de 2011,  Lulú, nos proponía acompañarnos, unirnos y permanecer juntas, todas le respondimos: No estás sola, no estás sola, ni tú, no ninguna madre, de ninguna mujer. Lulú lleva más de cinco años exigiendo justicia por el esclarecimiento de los hechos que privaron de la vida a su hijo, acompañada por movimientos sociales y estudiantes en su mayoría, pero la mayor parte del tiempo caminando sola con ella misma. Lourdes es un ejemplo de cómo la luz que nos regalaron, que todas las mujeres la llevan hecha resistencia en el cuerpo crece y se expande. A todas ustedes gracias por su existencia.

5 Lesbofeminista y defensora de derechos humanos. Egresada de la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública de la FCPYS de la UNAM. Estudiante de Derecho en la misma universidad. Temas de interés e investigación: derechos de las mujeres, violaciones graves a los derechos humanos, crímenes de Estado, feminismos y lesbofeminismo, JusticiaAbierta. Actualmente colabora en Idheas, Litigio Estrátegico en Derechos Humanos A.C. Mail de contacto: san.gzm224@gmail.com

En esta primer entrega de relatos, destaca el trabajo político realizado entre mujeres, en el encuentro internacional zapatista. Ya que, como afirma Rita Laura Segato: “somos las mujeres, quienes tenemos otra manera de hacer política, una política de vínculos, de cercanías, de contacto corporal”. Experiencia que se vivió, al tejer redes de colaboración, construir conocimiento en colectivo, intercambiar saberes y al generar un acompañamiento emocional que logró llenar de fuerza e inspiración los corazones de cada una de las asistentes.

Nota: A nuestras lectoras y lectores les invitamos a esperar la segunda entrega de la sección “Los +” con cinco nuevos relatos.

Fotografía 1 por Dulce Daniela Cháves

Fotografía 2 por Dulce Daniela Cháves

Fotografía 3 por Lorena Méndez

Fotografía 4 por Dulce Daniela Cháves

Fotografía 5 por Dulce Daniela Cháves

Fotografía 6 por Yuleina Carmona