Las colaboraciones que nos llegan para el #DiarioColectivo son como una caja de dulces que alguna tía trajo de regalo del extranjero: las envolturas nos son extrañas, y no podemos esperar a probar el sabor que llevan adentro.

Noviembre nos supo a la tristeza de recordar a nuestros muertos y a la amargura de mirar los días correr sin poder saborearlos como deseamos. Nos ahogamos en la rutina, en la sombra de antiguos fantasmas y en el coraje de ver a las nuestras violentadas. 

A pesar de ello, encontramos esperanza y fuerza en pequeños detalles: recorrer el tianguis con la persona querida, olisquear su cabello, comer con la mujer a la que más admiramos y sumergirse en el breve embeleso del amor.

Noviembre también es de transformación; de mudar de piel y de cuestionar el yo que fuimos y el que deseamos, en algún punto del pasado, ser. «Solo soy una gota de agua dentro la ola morada», escribe Shirel. Nosotros, en el #DiarioColectivo, también los somos.

Susana Colin

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Sábado 2 de noviembre del 2019

La noche es oscura y una niebla blanca y espesa lo cubre todo, los alrededores yacen iluminados por la colorida danza fúnebre de la cempasúchil, cae el viento sobre esta danza avivándola, trayendo consigo la presencia del copal.

Yo, en la orilla de un río caudaloso bajo la escasa luz de la luna, sin pronunciar palabra, aturdida, invadida por una inexplicable sensación… daría lo que fuera por tenerlo una vez más.

Él yace frente a mí en el Itzcuintlan, su viaje apenas comienza.

De pronto un enorme e imponente Xoloitzcuintle aparece detrás de él, ambos me observan de una manera tan penetrante que me obliga a retroceder, a sus espaldas logro vislumbrar cómo la niebla se dispersa abriendo un sendero sobre el agua, el Xoloitzcuintle produce un ladrido tan impactante y estruendoso que me hace helar la sangre y caer de rodillas incapaz de moverme, él da media vuelta y camina guiado por aquel poderoso ser, mientras se alejan dice.

-Te prometí estar siempre cerca de ti-. Una lágrima brota de mis ojos y se desliza por mi mejilla.

-Te amo- logro susurrar al verlo alejarse hacia la oscuridad, siguiendo la senda que conduce al Mictlán.

Jessica Díaz Mendoza

Domingo 3 de noviembre del 2019

Recargó su cabeza sobre mi hombro, olisqueé su cabello por primera vez. No olía a flores. Olía a un día de esfuerzo, a correr por la ciudad. Olía a sudor, olía a ella, cansada. Olía a eso que deseamos negar, transpiración. Olía a ella. Olía a eso que me hace admirarla, que me hace desearla. Me encantaría que ella oliera así después de hacer el amor.

Senderepia

Domingo 17 de noviembre del 2019

Despertamos a las 8, volvimos a dormir y nos levantamos a las 11:30, a qué hora pasó tanto tiempo. Tu papá compró tamales. Tú comiste uno de rajas, tu hermana uno de mole y otro verde que le picó, yo uno de mole y café, bueno, todas tomamos café. Ese almuerzo-comida se llenó con la luz del jardín. Tu sobrino te enseñaba a usar la navaja que compraste para la práctica y veían algunas bicis en mercado libre. 

Luego nos sentamos en el sillón, tu hermana veía Vikingos y descansaba de la noche anterior en el Corona Capital. La luz se fue y bajamos al tianguis, nos encargaron nachos y papas. Tú te compraste una crepa de nutella con plátano y yo unas sandías con chile. Me gustó caminar contigo entre los puestos, las dos tranquilas, como si al otro día no fuera lunes y es que en sí no lo era por el festivo, aunque a ti no te lo darían.

La música de fondo es como un río sonoro: en la zona de paca, boleros y mambo, pienso en mi abuela; a la mitad “con altura” de Rosalía y las dos nos movemos, Caifanes covereando a Juanga, cumbias, salsas, reggeaton, todo se mezcla con la voces de la gente y la vendimia. El puesto de papas y nachos concentra mucho calor y humo. Voy aquí, de tu mano y nada importa. Ya en tu casa vemos Bob Esponja y te beso el cuello, te acaricio…siempre te acaricio mucho, luego me calmo porque la ventana está abierta y tu papá está por ahí afuera. Bob Esponja ya no me parece desagradable. Me gusta tu casa en medio del jardín, me gusta este fin así, sin haberlo planeado, espontáneo y junto a ti. 

Xóchitl AG

Lunes 18 de noviembre del 2019

Escuché que mi padre le dijo a mi madre que él la engañó porque ella lo había hecho antes. Mi mamá comenzó a llorar y le dijo que eso era mentira. El regresó a decirle que por su mal carácter su primer marido la había dejado.

A veces dejo que mi mamá expresé su sentir, pero ésta vez no aguanté la sarta de estupideces que decía él.

La abracé muy fuerte, la besé y le dije: tú no hiciste nada malo. Te enamoraste, te entregaste a un hombre que en lugar de comprar comida para ti y tu hija se iba de alcohólico, por eso lo dejaste. No es tu culpa.

La relación familiar es asfixiante, es codependiente pero yo no puedo hacer nada.

Sólo me puse a reflexionar sobre cuántas de nuestras madres siguen creyendo que el maltrato es su culpa.

Ultravioleta

Viernes 22 de noviembre del 2019

Hoy comí con la verdadera Isabel. El nombre con el que firmo mis colaboraciones en este espacio se lo tomé prestado. Por segunda vez me llamo como ella, pero no es usurpación… es, más bien, un pequeño homenaje.

De un tiempo a acá disfruto mucho su compañía. Será que ya no soy una niña y que ella es un poquitín más comprensiva. Será que soy ya una mujer… como ella lo fue un día: miope, sensible, deseosa de conocer el mundo, reflexiva, oficinista.

Comimos en un restaurante de mariscos un poco a prisa, un poco en calma. Repaso de ideas, sentimientos similares, consejos que me dio cuando era pequeña y que hasta ahora comprendo.

El menú incluía café, lo acompañamos con un pastelito. Me supo delicioso, entrañable, profundo.

Salí del lugar a prisa y con los ojos húmedos. La quiero mucho.

Isabel

Lunes 25 de noviembre del 2019

Siempre admiré a los hombres inteligentes e intrépidos. Siempre quise ser uno de ellos.

Admiré a los filósofos, a los revolucionarios, a los grandes líderes y a los escritores. A los hombres que forjaron la historia.

Mi admiración estaba sesgada. Las mujeres me hicieron voltear a ver el mundo de opresión e invisibilización creado por los grandes hombres y por los pequeños.

Ahora me toca replantear mis admiraciones, ahora me toca replantear el hombre que soy. Tirar el patriarcado que vive en mí. 

La historia será de las mujeres.

Humberto García

Miércoles 27 de noviembre del 2019

Estoy cansado del tráfico. Estoy cansado de hacer lo mismo una y otra vez, día tras día, y pretender que la siguiente semana será diferente sabiendo que no será así. Estoy harto de ir al centro y perder 5 horas de mi vida al día en el tráfico, para perder otro tanto de horas en una computadora o caminando bajo el sol. Estoy cansado de hacer cosas que solo benefician a un puñado de gente millonaria, pero que a mí me drenan el sistema nervioso y digestivo. Estoy cansado de agotarme tanto trabajando que ya no me queden ni ganas de embriagarme los fines de semana y prefiera sólo quedarme a dormir en mi cama. Estoy cansado del puto tráfico. Y sólo por una vez, tal vez mañana o el día siguiente, me gustaría hacer algo que en verdad me haga feliz. Me gustaría pintar muchos cuadros o escribir muchas hojas o pasar mi vida visitando museos sin tener que preocuparme de las putas deudas del banco. Pero mañana, tal vez sea mañana.

Cristopher Cabello

Sábado 30 de noviembre del 2019

En el marco de la conmemoración del “ Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer “ en donde se efectuó una marcha, que generó comentarios divididos por la forma de manifestarse me surgió una duda:  ¿En qué momento me declaré feminista? 

Fue un poco complejo, entender el momento exacto del porqué me nombro feminista. Provengo de un seno maternal machista, en donde me enseñaron que es preferible quedarse calladas por cualquier situación que nos estuviera pasando, a meter en un problema a los hombres de la familia. Esto me hizo recordar por qué siempre tuve miedo del qué dirán y por qué tenía que tragarme el miedo y el coraje, cuando algo no me parecía «justo» o «normal».

Como cuando era normal, que los chicos más grandes toquetearan a las niñas jugando. Fueran de su familia o vecinos qué más da, qué rabia no poder decir lo que pasaba por miedo a que me dijeran mentirosa y le creyeran más al imbécil ese.

O como cuando era normal que un vecino se sacara el pene en los terrenos baldíos para asustar a las niñas. «Tiene problemas el muchachito ( ya casado y con hijos)», decían las vecinas  porque ya lo habían visto varias veces, por eso era mejor caminar 2 cuadras más, para no pasar por ahí y acusarlo de acoso.

Y así va la lista de violencias pasivas, que normaliza la sociedad porque es mejor no decir nada para no generar conflictos.

Entonces entendí que me nombré feminista cuando tuve el coraje de levantar la voz (claro que grité) y perdí el miedo porque solo así me pudieron escuchar hablar sobre  lo que no me gusta. Expresé lo que pensaba, lo que vi y lo que callé desde la infancia. Le puse nombre a lo que me molesta, me asumí lesbiana sin que me importara el qué dirán. ¡Carajo! es mi vida y mi cuerpo.

Varios años después el feminismo me coqueteó y formalmente me nombré feminista. En la actualidad hasta formo parte de una colectiva… obvio feminista. 

No represento a nadie, ni nadie me representa a mí … «afortunadamente» el feminismo es la voz de las muertas, desaparecidas y violadas.

Solo soy una gota de agua dentro la ola morada.

Shirel

Sábado 30 de noviembre del 2019

Noviembre de secretos

Me gustó alguien de nuevo como no me había pasado hace años: embeleso, aunque breve, agradable que le deseo a quien lea esto. Mis días noviembrinos transcurrieron entre un set de filmación, la carretera, la culpa y el miedo. Aunque esto se lee  sombrío, una carne asada, mi determinación de decir SÍ y la satisfacción de leer tres libros aportaron luz. 

Este noviembre se materializó, en forma de toga y birrete, el fin de mi época universitaria. Maquillé la incertidumbre con desinterés pero ahora siento los efectos; batallo con ellos sumados a antiguos patrones que me ahogan y me restan. No quiero ahogarme. 

Se me acabó noviembre, me aferro a la constancia de mis palabras y aunque vislumbro el panorama gris, amusgo mis ojos para convencerme de que sí puedo valorar diciembre antes de que se me escurra.

Natalia Castrejón

Sábado 30 de noviembre del 2019

Lecciones para sobrevivir a los 26 años, parte IX.

¡Por fin! Ya terminaste el primer borrador del primer capítulo de la tesis. Sigues sin entender las felicitaciones de los otros, no lo ves como un gran logro. Muy dentro piensas que aún le falta mucho: Le falta corregir esos dos conceptos que justo el día que lo enviaste a los asesores, encontraste un artículo perdido. Queda por aclarar por qué aun brilla cuando lo miras a los ojos, si es el amor o el recuerdo; si al tomarlo de la mano vives su piel o solamente es una añoranza. En la mente merodea la idea de que sigue lejos, porque está frente a ti y piensas que sigues en el extranjero.

Sigues sin cambiar las correcciones en tu propia vida, porque un gran viaje implica cambiar de lenguaje, cambiar de palabras, de expresiones, cambiar de apetito, cambiar de nombres, cambiar de físico (esos 8 kilos son bastante evidentes) ¿es que vuelves para ser el mismo, o para presentarte nuevamente ante los que se quedaron? Vuelves para decirles a los que también cambiaron, que tu cambiaste. Vuelves para decirles, a los otros que se quedan allá de donde vienes, que no cambiarás…

En la vida no hay correctores de estilos, escurren tus lágrimas ante la nebulosa idea de qué no sabes quién eres, ni quién está al frente. No ceden los suspiros, no cede el grito ahogado, no cede el beso ni el calor ni el latido ni la melancolía: estás frente a él, le dices Te amo porque entre tantos cambios, entre tantas correcciones, es lo único que no has quitado del primer borrador.

CHMSK