Fotos: Brenda Martínez Carrera

“Recuerdas cuando me contaste que casi se te salieron los intestinos al intentar ir a verme en los cuneros después de la cesárea”, le pregunté a mi madre, mientras ella bordaba al otro lado de la habitación. Hace poco descubrí que el punto sin nudos que ella me enseñó es una técnica ancestral de los mazatecos.

A partir de su experiencia comenzó este texto.

Durante algún tiempo he reflexionado sobre lo que implica la gestación, dar a luz a otro ser humano y su crianza. Todo atravesado por una serie de normas, prejuicios y estereotipos impuestos sobre la mujer, después en el papel de madre.

Graciela Hierro en Ética y feminismo nos dice que los únicos modelos femeninos aceptados en nuestra sociedad son el de la madre y el de la esposa. Así que aquello que salga de la norma es sujeto de crítica, por ejemplo las madres solteras.

La mujer es educadora, aporta económicamente al hogar, cuida y además se le responsabiliza por las malas decisiones de sus hijos mientras que se omite la obligación de los varones hacia su ejercicio de la paternidad.

Durante el confinamiento por la pandemia del Coronavirus muchas mujeres se han quedado en casa y su trabajo se ha multiplicado sin que esto implique un aumento a su salario. Según la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) el 63.7 por ciento de las mujeres ocupa 24.9 horas en el cuidado de integrantes del hogar de 0 a 14 años.  Y todavía tienen que ser profesionistas destacadas porque sino “que se dediquen a una sola cosa si no pueden”.

La maternidad, un proceso físico y psicológico individual, está permeada por las condiciones sociales y económicas en las que la mujer, que la ejerza, se encuentre.

Además se nos ha hecho creer que todas las mujeres poseemos un “instinto materno”, es decir una disposición genética a desear ser madres. La maternidad puede ser un proceso doloroso, desconocido, acompañado de ciertos tipos de violencia que van desde la precarización laboral, el hostigamiento, hasta la violencia obstétrica, física, emocional y económica.

Con motivo del celebrado 10 de mayo, hoy le damos voz a las mujeres y sus experiencias

Ya eres mamá, ahora tu vida tiene sentido”

Karen: Tengo tres meses de embarazo y para mí este proceso es horrible, te sientes mal, cansada, con sueño, débil, salivas todo el tiempo, vomito 3 veces al día. Es difícil lidiar con los aromas intensificados. Pero lo peor es que te sientes insegura del futuro. Se necesita un apoyo constante.

Nubia: No supe que estaba embarazada hasta que me realizaron un ultrasonido por posible quistes. Mi madre se soltó a llorar. Mi abuela que nos esperaba afuera me tomó fuerte del brazo y me dijo: ¡ya eres mamá, ahora tu vida tiene sentido!

Sarahí: Mis dos embarazos fueron complicados, sentarme o acostarme era doloroso. Retuve líquidos y sufrí preeclampsia.

Gerizim: Estuve casi tres meses sin comer durante mi embarazo porque hasta el agua vomitaba. Fue muy complicado pensé en abortar o en darlo en adopción pues no tenía los medios para mantener a mi bebé, sumado a eso mi relación de pareja era muy reciente.

Angie: Tenía 21 años cuando me enteré que estaba embarazada, mis amigos me dijeron que abortara, aunque sabía que yo sí deseaba tenerlo, me dejaron de hablar por mi decisión. Me convertí en ama de casa de tiempo completo, “como era mi responsabilidad”, dejé de hablar con la gente y me sentí sola.

“Puja más fuerte”

Una de las violencias más invisibilizadas es la obstétrica, que consiste en un daño físico o psicológico durante el embarazo, parto y posparto, en los servicios de salud.

Algunos ejemplos van desde la episiotomía innecesaria, incisión quirúrgica partiendo de la comisura posterior de la vulva hacia el ano, para evitar desgarros y la salida del feto, solo para que los estudiantes practiquen; la colocación o esterilización sin consentimiento, humillación, regaños, gritos, ser ignoradas, cuando realizan preguntas sobre su cuerpo o su bebé; hasta una cesárea infundada para acortar tiempos.

Jane: Sufrí violencia obstétrica y casi muero con mi hijo.

Nubia: Tuve a mi crio a los 17 años, después de 16 horas de labor de parto y un desgarro vaginal. “Dale un beso” es tu bebé.  Por mi edad y peso me debieron haber hecho cesárea, en vez de eso sólo me preguntaban por mi edad y el padre.

Sarahí: Durante el parto se rasgó mi cuello uterino hasta la entrada vaginal, sufrí una inflamación, hematomas y pérdida de sangre. Me desmaye de tanto esfuerzo.

Isa: Estuve casi 24 horas en labor, mi dilatación fue muy lenta. Sentí miedo pero aguante con un poco de agua. Mi mayor trauma fue no ver a mi familia. Fue parto natural. Las contracciones fueron dolorosisimas, puje tan fuerte que sentí como si se me fueran a salir los intestinos y me apachurraron para sacar lo que quedaba de la placenta.

“No eres buena madre”

El post parto es un proceso de días y semanas, en el que el cuerpo comienza a recuperar su memoria, se restablecen algunas funciones y comienza el amamantamiento. Algunas mujeres pueden sufrir depresión, pérdida de apetito, irritabilidad intensa y el hostigamiento de las personas que la rodean sobre cómo debería ser.

Wendy: Mi hija es intolerante a la lactosa, lloraba mucho. Dejé de darle pecho porque me salieron bolas, se me hizo nata mi propia leche. Mi madre dice que no soy madre porque no di pecho como todas las demás.

Sarahí: Lactar fue muy doloroso, me ardían los pezones. Quería botarlo todo, me sentía triste.

Gerizim: Sufrí depresión post parto, pensé en suicidarme y dejarsela a su padre por miedo a ser una madre de mierda.

Caro: Sentía tantas dudas. Todo el mundo opina sobre cómo debes cuidar a tu bebé, aunque no se los pidas.

Ser madre, una lucha de todos los días 

La maternidad permite a la mujer conocer su cuerpo y la resistencia del mismo de una forma distinta, además descubre la capacidad que tiene para superar los diversos obstáculos que vive en este sistema tan violento que la oprime de diversas maneras.

Aracielo: A nadie le importa, la madre no está en la agenda de nadie. Nadie nos habla de las cosas que deberías de saber, ni en lo técnico, ni en lo emocional. Mi hijo estuvo internado un mes y nadie me preguntó ¿cómo estaba?, lloré sola en las esquinas del hospital.

Ari: Sufrí violencia física por parte del padre de mi primer hijo. Los hombres se sobrepasan contigo cuando eres madre soltera porque lamentablemente cuando estás sola y sin dinero no deseas perder tu trabajo, entonces ellos se aprovechan de eso. Sufrí acoso y fui juzgada.

Jane: La maternidad socialmente es bien culera. “Yo sé que no le escogí una mamá pendeja entonces no se va quedar sin comer”, eso me respondió el padre de la criatura cuando le pedí dinero. Sin contar la depresión post parto, me juzgan cuando salgo al trabajo, tomó un curso, y buscó quien lo cuide. No hablar de salir a divertirme por seguro voy a andar de “puta”.

Perla: Si me hubiera dicho que sentiría una ansiedad permanente por pensar que algo les pasaría a mis hijas o que va a ser de ellas si me sucede algo. Además del infinito trabajo doméstico ¡qué horror!

Silvia: Descuidan mucho a la mamá, todo se concentra en el bebé. Me pasó que mi pareja se iba a trabajar, yo me quedaba sola pero no sabía cómo cuidarla. Sumado a que este país (México) es tan violento y machista, vivo con la ansiedad de que algo le pase a nuestras hijas.

Sophia: La maternidad es difícil cuando no cuentas con los recursos y no puedes crecer profesionalmente. Te aísla. Me siento constantemente cansada, frustrada, enojada y culpable por no darle una vida mejor a mis hijes. No siempre estoy dispuesta a jugar. Es injusto.

Abraxas: No sean mamás, la maternidad es una chinga eterna, despreciada, infravalorada, estás sola y tienes que luchar para no perderte en ella.

Wendy: Estudio y trabajo, soy madre soltera y casi no veo a mi hija estoy aprendiendo a ser madre.

Sarahí: Criar a los hijos es difícil, todos tienen los ojos sobre ti, te juzgan. Que si le tienes que dar una nalgada por berrinchudo o no les pegues porque eres una salvaje. Están esperando a que hagas las cosas mal.

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Ser madre va más allá de un sentimiento, el cuerpo sufre, es cortado, es exhibido ante desconocidos y las vísceras expuestas. Ahora descubro a mi madre, quién es, sus deseos, si yo no estuviera aquí, aprendo a reconocerme a través de ella y abrazar a la niña que careció de tantas cosas y que intenta comprender un mundo que ha evolucionado mientras ella trabajaba para mantener a sus hijas.

Forjemos redes de apoyo, normalizemos la ternura, el amor, la corresponsabilidad. Exijamos que los derechos de cada mujer que decida ejercer su maternidad sean respetados. Cuestionemos nuestro papel como reproductoras. Te invito a que busques en la experiencia de tu madre, habla con ella de su sentir. Valoremos, comprendamos su contexto, amemos sus imperfecciones ahora y no cuando sea demasiado tarde. La empatía nos convierte en mejores seres humanos.