Los 14 de febrero solían ser días extraños; un poco felices, un poco tristes… al final decepcionantes. Flores de plástico, chocolates, globos de helio, cartas sin firmar. Varios años nos separan de los adolescentes que fuimos y por ello quisimos emprender este experimento: una consulta con la Doctora Corazón.

Más allá de un día de consumo sin sentido, proponemos esta fecha como motivo de reflexión. Qué es el amor, qué provoca en nosotros y a dónde nos dirige. Queremos agradecerle a Xóchitl <3 por aceptar el rol de consejera y a las personas que nos mandaron sus preguntas ¡Esperamos que les sirva la respuesta!

Abrazos y feliz día del amor y la amistad
Susana y Humberto

La culpa nos hace sentir que somos la causa de los problemas; invierte las cosas: hace que reduzcamos ese universo en contra nuestra y que ignoremos todos los posibles factores que pueden estar desencadenando las discusiones. Liliana Mizrahi dice que la culpa es un instrumento para neutralizarnos y Nietzsche que su aparición comenzó con la figura del deudor y el acreedor, que permite, por un lado, responsabilizar al que adeuda por no pagar y, por otro, permite al que solicita el pago exigir una compensación, o sea, que se le otorgue algo como garantía de pago o como sustituto de éste.  En ese contexto, sentimos que le debemos algo a los otros, por ejemplo, paciencia, bondad, amabilidad, cariño, escucha, etc., porque percibimos -o nos hacen percibir- que no damos esto completamente o damos muy poco. Entonces, para compensar (para pagar) nos comportamos más cariñosas, más atentas, brindamos más tiempo, etc., de tal modo que el otro sienta que estamos arrepentida/os y/o que estamos reparando las faltas. Pero la relación amorosa o de amistad no son relaciones bancarias. El amor nos muestra ante el otro o la otra tanto en nuestra alegría y fortaleza, como en nuestra tristeza y fragilidad; quien utilice nuestro lado vulnerable para debilitarnos, con la culpa, por ejemplo, no está siendo un compañero realmente amoroso. Si el amor es visto como acumulación y sentimos siempre que no tenemos suficientes cosas que dar, nos sentiremos siempre en carencia, siempre en deuda. Valdría la pena preguntarnos qué nos hace seguir amando de esa manera, a quién le conviene que nos sintamos culpables de todos los problemas de una relación que es de dos, qué me impide hacer la culpa y de qué modo está afectando mi ánimo y mi alegría.

Construyamos vínculos donde mostrar nuestra fragilidad no sea motivo de culpa o vergüenza, sino signo de intimidad y cariño. Te mando un fuerte abrazo y mucha energía.

Si la relación terminó bien, no hay motivo para no dárselo. Si terminó mal o son confusas aún las cosas, sería mejor que no y dárselo a alguien más o desecharlo (es mejor que no haya malas vibras o energía poco clara en tu vida luego del proceso de ruptura).

Hola Alfonso. Puedo entender tu preocupación, pero amar a otra persona implica riesgo. Cuando se practica danza o algún deporte sabemos que en algún punto nos vamos a caer. Las rodillas raspadas, el dolor de espalda o, inclusive, pequeñas o grandes fracturas nos harán decidir si queremos continuar pese a conocer ya el riesgo de forma concreta, sea porque estamos comprometidos con la disciplina o porque nos da un cierto sentido, o de lo contrario, si mejor lo dejamos y nos enfocamos en otra cosa porque el riesgo es muy alto o porque esos incidentes nos muestran que no es lo nuestro. De forma parecida ocurre en las relaciones, los pequeños o grandes problemas nos darán señales de si estamos o no en el lugar correcto, nos van a permitir evaluar si podemos darles resolución junto con la otra persona o si es algo que nos rebasa y no es negociable. Nadie puede, aunque lo haga, prometer sentimientos; los sentimientos son un eterno presente, no te angusties más por el futuro, disfruta esto que estás construyendo y mantente atento a lo que sientes por la otra persona, pero también contigo mismo en la relación. Haz como los epicúreos y toma el placer (el bienestar) como medida de lo que es bueno y valioso. ¡Suerte!

 

Hola.

El ir y venir puede parecer muy atractivo en el sentido de que no hay algo que termina de definirse y puede darnos un cierto sentido de libertad, pero es sólo aparente, ya que este tipo de relación puede ser incluso más duradera que las tradicionales y nos puede “atar” más porque no sabemos exactamente cuándo el otro dará algún paso definitivo (sea negativo o positivo) y en la espera actúamos sorteando varios factores como: mostrar mucho afecto cuando el otro se muestra seguro, o dosificarlo en la medida que el otro se porta seco o confuso, es decir, como si esperáramos los pasos del otro, o al revés, dar mucho cuando el otro da poco, o dar poco cuando el otro da mucho. En este caso tú estás segura de lo que sientes y lo has expresado, pero esa seguridad en él a lo mejor sólo se ha mostrado en ciertos detalles o situaciones pero no en sus palabras, por lo que no hay una integración de su sentir, lo que genera confusión. La vida es corta y si en un vínculo no hay claridad, pese a todo el tiempo compartido, es mejor dejarlo. No hay espacio para las medias tintas cuando hay sentimientos (o cuando no los hay). Podrías reflexionar qué beneficios le trae a él este vaivén y cómo te afecta a ti y evaluar si decides continuar asumiendo los costos o riesgos implicados, o bien, dejarlo por la paz. Un abrazo fuerte.

Te dejo esta canción.

Y una imagen.

Creo que deberías revisar por qué consideras que las mujeres están locas…o tal vez realmente no te gustan las mujeres, sino que te provean de mimos y complacencia, pero las mujeres no pueden ser una extensión o sustitución tu mamá, querido. Son seres que viven, sienten, temen, aman, lloran, crean, corren, etc., no amantes a tu medida y capricho. 😉

Primera Pregunta:

¿Cómo saber quién eres tú, si después de tantos años de estar en una relación amorosa te has perdido, has olvidado tu esencia, tu forma de pensar, de ver las cosas y hasta lo que realmente te gusta?

Segunda pregunta:

¿Cómo decirle a él que lo único que me permite seguir en la relación es el agradecimiento y la admiración, pero ya no hay amor?

Anónimo

Hola, me recordaste la película de Novia Fugitiva, donde ella no halla qué cosas le gustan porque sus gustos están siempre en razón del novio en turno, aunque, a diferencia tuya, se trata más bien de relaciones cortas. Un reportero quiere entrevistarla y hallar porque nunca se casa y los deja plantados y una de las preguntas que le hace es: “¿cómo te gustan los huevos para desayunar?” y ella en realidad no sabe; debe pasar un período de pausa y enamorarse de corazón para que descubra la respuesta a esa pregunta. Tal vez sea eso, a veces fusionamos tanto nuestra vida con la del otro que no sabemos en dónde empezamos. Si no sientes más amor, pienso que, aunque sea duro, debes comunicarlo, que el tiempo que han pasado uno al lado del otro sea una ventaja en el sentido de que permita sincerarse. No hay garantía de que reaccione bien, pero al menos podrás transmitir lo que sientes (que también forma parte de lo que eres). Por otro lado, hay relaciones donde no es muy importante que haya amor, pero sí lo demás que mencionas, deberás reflexionar qué tan importante es el papel del amor en esta relación y en tu vida y si tiene un peso significativo, entonces comunicar que se ha acabado sería lo más adecuado para ti. Te deseo todo la suerte del mundo, un abrazo.

Novia Fugitiva (1999). Garry Marshall

Tengo un muy buen amigo con el cual he compartido muchas cosas, sin embargo, el vínculo de «amistad» cambió entre nosotros. Me busca, pero tiene novia. La respuesta siempre es negarme, pero él me gusta mucho. ¿Qué debería hacer?

Hola. No conozco a cabalidad la circunstancia en la que dices que el vínculo amistoso cambió, pero que él tenga una relación puede perjudicar el modo en que se están dando las cosas. Si realmente te quiere y le gustas no te pondría entre la espada y la pared porque parte del amor es cuidar al otro, procurarle bienestar y confianza, cosas que se ven empañadas en el momento en que se te acerca estando comprometido con otra mujer. Cuando el hombre percibe que es capaz de seducir a otra teniendo ya una relación su autoestima suele crecer y sentirse más confiado, pero el resultado para la seducida es inverso porque más bien se torna insegura y tarde o temprano termina preguntándose por qué no la elige completamente, además de que es mañoso ya que la elección parece quedar sólo de tu lado y sea que cedas, o no, siempre podrá decirte que así tú lo has decidido. Podrías preguntarte: ¿qué te gusta en verdad de él?, ¿son cosas o aspectos que no puedas construir con alguien más?, ¿me gusta o más bien me gusta gustarle?

Recuerda que siempre que hay un dilema, debemos evaluar los posible riesgos que la decisión implica para nosotros y qué tanto beneficia, o no, lo que quieres experimentar, conocer, o amar. Escuchar el corazón es bueno, pero la mente también nos puede ayudar a cuidarnos y querernos. 🙂

Estimada doctora corazón:

Desde hace muchos años me gusta el chico que vive a un lado de mi casa, siempre hemos tenido una relación de vecinos cordiales que rara vez sobrepasa el “buenas tardes, buenas noches”. Pero un día estaba vendiendo su auto y así supe su celular. Le mandé un mensaje para invitarlo a salir, pero nunca lo hicimos aunque me dijo que sí.

Pensé que era muy tímido y que al tener mi número me iba a mandar un mensaje, o algo; pero o no le intereso o no se le prende el foco.

¿Debería olvidarme de él?

 

Hola. Pienso que sí. Si es tímido o no, no lo sabemos, pero si no ha hecho algún otro intento para acordar la cita, podría ser desgastante intentarlo. Aunque si te quieres quitar la espinita, podrías hacer uso del sentido del humor, enviarle algún meme o algún video gracioso que ayude a romper el hielo y puedas ver si sí le interesas y se le va la onda, o si no está interesado; la manera en cómo evolucione la plática te dirá mucho, si de plano debes forzar mucho la comunicación lo mejor es no insistir y seguir. Un abrazo.

 

 

¿Por qué sigo pensando que es el hombre ideal para mí, si ya entendí que él no es para mí y que nunca volveremos a ser lo que fuimos?

Atte. Αλεξάνδρα

 

 

Hay preguntas guía que pueden esclarecer lo que sentimos, por ejemplo: ¿qué me agradaba de estar con él o de la relación?, ¿qué elementos de mi pasado o de mi imaginario me hacen creer que no habrá algo igual o mejor en el futuro? Es importante plantear esto porque a veces lo que nos gusta de otro es lo que nos gusta para nosotros mismos, o sea, nuestros deseos e ilusiones, sólo que por alguna extraña razón no logramos separar eso que es nuestro de la persona que queremos o quisimos porque fue con ellos que lo descubrimos, pero aunque el descubrimiento fue mutuo es algo que vive en ti y que él no se lleva con su partida.

Te mando mucho ánimo y buena vibra.

Llamar locura a nuestros sentimientos (casi siempre los más fuertes, como: ira, enojo, tristeza, frustración) es funcional porque así escondemos su causa y la adjudicamos a un carácter o a un modo de ser innato y quitamos responsabilidad a quién nos ha producido esos sentires. Cuando los hombres se relacionan con más de una mujer (sin que ninguna de las dos tenga conocimiento o estén de acuerdo con ello), es más una cuestión de poder que de gusto, pues entre más mujeres tengan serán más valiosos y respetados por la cultura en general y por otros hombres en particular, además de que les hará creer de sí mismos que son muy duchos pero sea que lo enfoquen hacia su propio ego o al de los demás hombres queda claro que es una cuestión de demostración de poder para, con y entre hombres, o sea, es un comportamiento homosexual, en el sentido que tener muchas mujeres reafirma su poder y estatus entre sus congéneres ganándose su admiración y complicidad.

Ok, recientemente me mudé de ciudad, y casi a la par, comencé a «salir» con un chico de la ciudad de donde me fui, platicamos diario y ya llevamos así casi 5 meses. El punto es que aunque (por las circunstancias) lo imaginaba difícil, poco a poco me fue conquistando y ganando ese chico y ahorita podría fácilmente decir que lo quiero. Últimamente él se ha deprimido por cuestiones personales, y aunque yo trato de darle ánimos la verdad es que la distancia lo dificulta mucho y pues siento impotencia de no poder ayudarlo 🙁 hay veces en que no me habla y dice que no soy yo, que conmigo todo bien pero que no me quiere contagiar tanta negatividad y pues yo la verdad me agüito; llega un punto en el que no sé si mejor termino la comunicación con él o simplemente el cómo seguir ahí para él. Hay momentos en los que está bien de ánimos y todo está genial entre nosotros, pero cuando se pone así deprimido uff, es súper difícil para mí el estar así, no sé qué hacer, es un sube y baja de emociones con él y trato de ser comprensible de verdad y lo quiero mucho y me preocupo por él, pero de verdad ya no sé qué hacer. ¿Qué consejo me puedes dar?

Anónimo

Hola. La desventaja de no tener la cercanía física por la distancia es que no podemos leer al cien por ciento las reacciones de los otros. La depresión no es un motivo para su lejanía; hay personas que se deprimen o están tristes pero no detienen su comunicación o consideración con el otro, o bien, comunican que el vínculo va a cambiar a raíz de su estado emocional actual. Aquí parece comunicártelo, pero termina por ser confuso en tanto que hay días que todo es perfecto y días que no. Como mencionaba en otra respuesta, la variabilidad tiende a “atarnos” más que lo tradicional y es un problema porque hace que, sobre todo las mujeres, deban estar en una disposición total hacia el otro, mientras que él puede ir y venir sin mayor problema, es decir, su depresión no elimina su poder, sino que incluso lo incrementa. Puede ser que no sea malintencionado y que no sé dé cuenta que esa volubilidad te confunde; en ese caso puedes optar por hablar con él, no diciéndole como debería comportarse, sino hacerle saber cómo te hace sentir que vaya y venga, hablarle desde lo que sientes, desde ti, porque lo que interesa en esa plática no es ponerlo a él nuevamente al centro, sino a ti misma y tus sentimientos.

Por último, escucha siempre a tu cuerpo, si la situación te empieza a generar más angustia que alegría, será signo de moverte de sitio. Te mando un fuerte abrazo.

Hola, 🙂 de nuevo tenemos un caso de ambivalencia. Por un lado, te dice que no puede ofrecerte un noviazgo como tal, pero con sus acciones parece estar diciendo lo contrario. Es complicado porque esta conducta te hace sentir feliz, pero como ya antes él había planteado que un noviazgo no es posible, la convivencia y cercanía que han compartido se mantiene relegada, para ti, a un silencio, un silencio que sólo puede ser expresado con tus amigas o conmigo, pero no con él porque es “algo de lo que ya hablaron”. Por otra parte, dado que en nuestra cultura no es bien visto que una mujer exprese lo que siente sin más o que tome iniciativa, será también un factor que mantenga ese silencio y que el amor que sientes no termine de nacer porque no hay una claridad de la otra parte, entendiendo la claridad como la conjunción de palabras y hechos. Sin duda te hace feliz la cercanía, la confianza y el cariño, pero te recomendaría reflexionar que estos rasgos se han dado porque los has “trabajado”, más que porque haya una magia innata a la relación que, aunque es muy bella, puede invisibilizar lo que aportamos cuando nos relacionamos. Lo riesgoso de esta situación es que en cualquier momento se puede desentender y justificar con el argumento de que ya te había aclarado sus razones. Sentir amor es algo muy bello, pero soy de la idea de que si lo es debe poder ser libre y no encerrado en una jaula silenciosa, aun cuando tal jaula sea hermosa. Una buena opción, aunque difícil, sería hacerle saber que tus sentimientos van en aumento y que necesitas saber cómo él se ha sentido y qué le significa esta cercanía. Tener esa charla implicaría ir en sentido contracultural, pero te haría poder aterrizar tus sentimientos, además de que probaría que tanto confías en él, ya que parte de amar no es sólo dar confianza al otro, sino dar la nuestra, o sea, mostrar nuestra fragilidad; si el otro no se aprovecha de ello ni la utiliza para manipularnos, será siempre buen signo de que debemos continuar. Te abrazo.

Qué tal. Parece ser que esa “historia” entre ambos es lo que le permite enlazarse contigo desde un lugar cómodo para él, es decir, puede estar contigo sin comprometer su sentir al cien por ciento; en el pasado desconozco la causa, pero en el presente sería debido a que una ruptura reciente no permitiría, al menos en teoría, entregarse por completo a otra persona, pues el proceso de duelo no está concluido.   

La incertidumbre nos hace pedir o ver una señal, algo que nos haga saber que estamos poniendo el corazón en tierra firme, como un marinero buscando un faro en medio de la niebla. Pero a veces lo seguro es la neblina y no la tierra y entonces una debe ser paciente y aprender de esa nubosidad, describirla, cantarla, explicarla, etc., porque una vez descifrada podremos movernos a través de ella con mayor habilidad y ser capaces de ver no sólo una isla sino muchas que nos ofrecen no únicamente tierra, también frutas y calor.

Mira, Roland Barthes en su libro “Fragmentos de un discurso amoroso” se apoya de la psicoanalista Winnicott para describir la angustia:

 

 

Con lo anterior no está diciendo que los enamorados sean psicóticos (no te preocupes), más bien la analogía le sirve para describir lo que sentimos cuando anhelamos un poco de certeza. Y por lo que dices lo único cierto por ahora es que ha sido incierta la decisión de él, frente a lo cual puedes decidir continuar y otorgar un voto de fe, que traería por costo asumir tal incertidumbre, o tomar distancia y observar qué te vincula realmente a este chico, por qué decido quedarme aun si de su parte no hay una entrega total, qué de esta relación quisiera en cualquier otra relación, qué me hace quedarme y qué me haría irme, cuáles son los límites que no podría tolerar. Y lo cierto también es que tú sientes amor, cariño e ilusión y esos sentimientos no sólo serán capaces de aparecer por efecto de él, pues una habilidad tuya, disfrútala y espero pueda ser empleada donde sea fértil, ya sea en ti misma y/o con otras personas.

Dra. Corazón:

Tuve una relación larga y fue al hombre que más he querido, lamentablemente no terminó bien. El chiste es que este hombre me lastimó mucho y bendito Dios ya lo superé y ni de broma regresaría con él, pero ahora soy más seca y amargada que antes, añadiéndole que soy totalmente bruta para coquetear. He conocido hombres que me agradan pero les busco algún defecto para no enamorarme de ellos y les pongo una barrera. También cuando se me acercan no sé por qué pero me porto grosera inconscientemente. Realmente ahora no estoy interesada en una relación, sin embargo, a veces extraño tener a alguien con quien compartir esos momentos. Últimamente me he descubierto pensando en que me quedaré sola y más amargada. Y eso que soy bonita, inteligente y muy carismática. Y siento la presión de las personas que me rodean, que a como dé lugar creen que debo tener pareja. ¿Qué me recomiendas?

Atentamente, La chica anónima que deja ir oportunidades y cualquiera le baja el galán.

Hola, chica anónima, 🙂 antes que nada, déjame decirte que te percibo bastante segura y consciente de lo que quieres: 1. Que el hombre que más has amado es tu ex, 2. Que no regresarías con él, 3. Que te lastimó, 4. Que lo superaste, 5. Que sientes que estás amargada y no sabes coquetear, 6. Que buscas defectos para no enamorarte, 7. Que hay una cierta grosería inconsciente, 8. Que nos buscas una relación, 9. Que te gustaría compartir momentos, 10. Que te sabes bonita, inteligente y carismática, 11. Que te sabes presionada. Te lo enlisto porque a veces aunque sabemos lo que sabemos no está de más ver la cantidad de cosas que conocemos. Eres una mujer muy conectada con tus sensaciones, sentimientos y con tu voluntad y pensamiento, lo cual es muy valioso en una época que nos pide que, para ser funcionales, debemos actuar separando todo esto del cuerpo, por ello me alegra observar cómo en ti está integrado.

Pienso que es importante que continúes escuchándote y que te seas fiel, en un sentido de firmeza. Si tú no deseas una pareja no le debes explicación a nadie, a menos que tú quieras darla, pero de facto no estás obligada. Es común tener ese sentimiento de amargura, pero no se debe a algo intrínseco ni a tu decisión, sino a la cultura: si la cultura nos ha enseñado que tener pareja es lo valorado, y además que esa pareja sea un varón, te lo harán saber o te lo darán a entender con sus cuestionamientos a tu rebeldía. Audre Lorde en La hermana, la extranjera lo dice así (en un contexto donde se estaba reflexionando acerca del racismo, homofobia y lesbofobia dentro de la comunidad negra): “En interés de la segregación, se nos ha enseñado a que veamos a nuestras hermanas como eternas sospechosas, despiadadas rivales por el bien escaso que son los hombres, ese trofeo fundamental sin el cual no podemos legitimar nuestra existencia. Esta deshumanizadora negación del propio ser no es menos letal que la deshumanización del racismo, a la que está estrechamente aliada”.

Por otro lado, así como es importante conocerse y estar integradas con nosotras mismas, lo es también ser amables y pacientes hacia nosotras. Me refiero a que estaría bueno que dejes de introyectar lo que la cultura te dicta y exige cuando dices: “me voy a quedar sola”, o “cualquiera me baja el galán”. Sé amable con tus decisiones, con tu cuerpo, con tus proyectos, pues en un contexto tan hostil es sustancial tratarnos bien, como dice mi maestra Teresa: “para ser flexibles de cuerpo, hay que dejar de endurecer la mente y el corazón”. Te mando abrazos y mucha buena vibra.

Hola Calamity, quise responder tu pregunta al final porque me ha parecido muy bonito el modo en que expresas tu alegría.

Cuando la gente de nuestro pasado vuelve, suele traernos preocupaciones porque de alguna forma son un parámetro con el que medimos nuestra vida, nuestros éxitos o fracasos, incluso la forma en que miramos éstos dos últimos porque a veces lo que para nosotros puede ser un éxito para otros constituye un fracaso y eso puede hacernos dudar de qué tan bien hemos empleado nuestro tiempo de vida, nuestros objetivos y nuestros anhelos. Tus palabras me recordaron a las de Epicuro:

Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven. Quien afirma que aún no le ha llegado la hora o que ya le pasó la edad, es como si dijera que para la felicidad no le ha llegado aún el momento, o que ya lo dejó atrás. Así pues, practiquen la filosofía tanto el joven como el viejo; uno, para que aun envejeciendo, pueda mantenerse joven en su felicidad gracias a los recuerdos del pasado; el otro, para que pueda ser joven y viejo a la vez mostrando su serenidad frente al porvenir. Debemos meditar, por tanto, sobre las cosas que nos reportan felicidad, porque, si disfrutamos de ella, lo poseemos todo y, si nos falta, hacemos todo lo posible para obtenerla.

La juventud suele ser muy valorada, específicamente la de las mujeres y es muy limitante porque entonces cada cierto tiempo tienes derecho o no a vestirte de tal o cual manera, a usar tales o cuales palabras, o a practicar tal o cuales cosas o a sentir “x” o “y”, y si no sigues eso al pie de la letra te llaman ñoña, chavorruca o ridícula, como si no tuviéramos ya bastante coartada la libertad. (Cabe decir que tales insultos será siempre mejor combatirlos con humor, porque cuando dejamos de hacerlos personales, entonces somos capaces de ver que el otro/a con su ataque sólo expresa su vigilancia, su papel de policía sociocultural). La danza me enseñó que más que la edad importa el cuerpo: mis compañeras de yoga tienen entre 50 y 70 años y con disciplina han logrado avanzar mucho, veo señoras danzar y hacer un uso del espacio escénico que ya quisiéramos muchas jóvenes, aunado a que, dado el nivel de explotación en el que vivimos, deben hacerse cargo de un sinfín de ocupaciones.

Aunque se nos ha dicho que “recordar es vivir”, olvidar también lo es o, en palabras de Nietzsche[1]:

La más pequeña dicha, siempre que no se interrumpa y nos haga felices, es incomparablemente una felicidad mayor que cualquier tipo de dicha que sólo se manifieste rapsódicamente, es decir, como capricho o loca ocurrencia en medio del puro displacer, deseo o carencia. Pero en las más pequeñas y grandes dichas hay algo que la felicidad sea tal: el poder olvidar o, dicho de manera más erudita, la capacidad de poder sentir de manera no histórica, abstrayéndose de toda duración.

Olvidarnos un poco (o un mucho, según requieras) de la juventud, enfocarnos en lo que tenemos ahora, que si la nostalgia viene, bueno, habrá que invitarle un té, pero no podemos alojarla mucho tiempo porque el jardín del presente es delicado y un aire antaño podría dañarlo.

Deseo que tu alegría pasada se conecte con la de ahora para que los recuerdos potencien tu bienestar y, en vez de minarlo, lo aviven mucho más. ¡Un abrazo!

[1] Nietzsche, F. Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida. p. 42.

Xóchitl Rivera Beltrán

Estudió Psicología, con especialidad en el área Social, en la UNAM y cursó año y medio de la licenciatura en Filosofía en la misma institución. En 2014 obtuvo el segundo lugar en el concurso de cuento del XI Coloquio Estudiantil de la Licenciatura en Letras Clásicas y en 2016 el primer lugar en el II concurso de calaveritas literarias «La muerte Intercultural», ambos organizados en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En 2017 ganó el segundo lugar del concurso “La crónica como antídoto: las dimensiones del ocio” organizado por el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, con el texto “Aprendiz de barista”. Vive en la zona oriente de la Ciudad de México y actualmente práctica danza butoh y yoga.

Bibliografía

Barthes, R. (1982). Fragmentos de un discurso amoroso. México-Argentina: Siglo XXI.

Epicuro, Carta a Meneceo.

Lorde, A. (1985). La hermana, la extranjera. Artículos y conferencias.

Mizrahi, L. (2003). Las mujeres y la culpa. Grupo Editor Latinoamericano.

Nietzsche, F. (1874). Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida (II intempestiva). (G. Cano, trad.). Biblioteca Nueva

Nietzsche, F. (1887). La genealogía de la moral. Biblioteca Virtual Universal.