Texto: Consuelo Herrera M. (Chile) e Itzel Lugo (México)

Cuántas veces escuchamos en nuestras infancias: “¡no lo entenderías!“, frase que de fondo advertía la gran diferencia entre adultos y nosotras. Una determinante que definía temas supuestamente para adultos y otros para niñeces. Pero, ¿cuál es la distinción entre ambos? Probablemente, los primeros se relacionan con política, religión, trabajo, economía, espiritualidad y un largo etc., en tanto, los segundos, impliquen juguetes, juegos y escuela, por mencionar algunos.

En esta frontera sobre lo que es para infancias respecto a adultos, se desarrolla la nueva producción de Pixar, Soul, dirigida por Pete Docter (el mismo de Up). Aquí señalamos dos advertencias, la primera es que vamos a spoilear la trama y la segunda, es que el presente texto no es una crítica en torno a dicha película en sí misma, sino a las críticas adultocéntricas cuyas valoraciones la consideran una película incomprensible para dichas infancias, dados los temas que maneja.

¿De qué trata esta película? La trama nos habla sobre el sentido de la vida a través de la historia de un profesor afroamericano de música en secundaria, que a pesar de su talento no es reconocido como él quisiera, sin embargo, vive atravesado por un solo propósito: tocar en una reconocida banda de jazz. Cuando por fin, parece alcanzar esto, tiene un accidente que lo lleva a experimentar la muerte de cerca y cuestionar su existencia más allá de esta pasión.

Ya a través de CNN, Brian Lowry señala que Soul es una película recomendable, aunque sugiere a padres disfrutarla -al menos una vez-, sin hijos, dado que estos últimos “comprensiblemente, serán menos conscientes de las decisiones que tomen, de los caminos que no tomen y de los lugares a donde sus propias escaleras mecánicas podrían llevarlos”. Además de que también menciona aquellos referentes “desconocidos” por las audiencias infantiles como George Orwell y la Madre Teresa.

Vale la pena cuestionar si la falta de comprensión anunciada por parte de la niñez se origina a partir de la ausencia de referentes correspondientes a su época, de su edad para entender la trama de la película o ambas. Sin embargo, ninguna de estas razones es suficiente para clasificarla como una película no apta y/o dirigida a las infancias, dado que todos los temas son para las niñeces en la medida que la comunidad dialoga con ellas y tiene la capacidad de abrirse a escuchar, conversar y comprender a lo que la niñez apunta.

Incluso, un ejemplo de que la película se realizó con base en los mundos de las niñeces, son los personajes, construidos con imaginación, creatividad y humor a partir de diálogos cotidianos y certeros. Además de que como hemos comentado, cualquier material puede ser apto para todas las edades en tanto les afecta y si es que consideramos a infancias como sujet@s de opinión y reflexión.

Si bien, la premisa de la película puede resultar compleja porque aborda “el sentido” o “el propósito” como aquello que atraviesa tanto a la vida como a la muerte y que va más allá de títulos o pasiones como la música misma y se encuentra en el disfrute de lo cotidiano. Justo, esto se nos muestra con imaginación, creatividad, dibujos animados y humor, elementos que pertenecen a las culturas infantiles como nos ha hecho saber William Corsaro, un etnógrafo de la infancia. Así que si algo aprendemos de niñas y niños es su capacidad de dejarse sorprender y habitar el presente.

En tanto adultas que somos, nos hace cuestionar- nos y reflexionar- nos en la vida misma y en su delgada línea con la muerte, aspectos importantes a dialogar con/desde las infancias y especialmente, en el actual contexto de pandemia que ha cobrado millones de vidas a nivel internacional. Así que en el marco de todo ello y con la angustia que ha significado para miles de personas, este filme se constituye en una de las tantas herramientas que nos abren posibilidades para encontrarnos desde el juego, las artes y la escucha activa.

Y mientras que a alguien en la adultez le puede generar el cuestionamiento, “¿qué estoy haciendo con mi vida, cuál es mi propósito o chispa?”, sería justo preguntar qué les despierta  directamente a las niñeces. Es una oportunidad para dialogar temas que solemos evadir por temor e incluso, desconocimiento personal. Entonces, así como la ignorancia no es propia de las infancias, tampoco es de los adultos la ansiada madurez y razón, porque como nos muestra Soul, la vida es más compleja pero sencilla a la vez.

Entonces, hay que clarificar esta advertida falta de comprensión por parte de las infancias, debido a que evidentemente podrán carecer de ciertos referentes aludidos en la película (incluso un adulto), al tiempo que generacionalmente nos permitirá reflexionar en torno a estos temas que hasta como adultas, evadimos o negamos. Sin embargo, primero hay que quitarnos la idea que es una película elevada para personas de cierta edad solo por el tipo de temas o su premisa, esto es un ejemplo de las formas de poder existentes y cuyos ejercicios tienden disminuir o anular el potencial político y reflexivo de las niñeces.

Dado que desde ahora (porque las infancias también son presente) podemos entablar aquellos diálogos sobre el sentido de la vida o la muerte, aprender de la curiosidad de la infancias para criarlas libres y felices y tal vez, en una de esas evitamos un frustrado y talentoso profesor de música que en vez de vivir para sí, vive a costa de la vorágine de la vida que consume en la incapacidad de habitar una vida distinta. Al final, los temas de dichas niñeces en relación a los adultos, están más relacionados de lo que pensamos y sentimos porque habitamos el mismo mundo, con sus diferencias y es ahí donde hacemos un llamado a dejar de verles para abajo, entenderles como compañeras y compañeros que tienen la misma capacidad de nosotras/os de opinar, sólo que con la diferencia de usar otras formas, lenguajes y modos.

El adultocentrismo es un sistema de dominación que naturaliza asimetrías entre los diferentes grupos etarios, poniendo en la cúspide a los adultos y debajo a las niñeces (excluyendo además las experiencias de vida de las/os adultas/os mayores). Por lo tanto, cuando somos capaces de identificar cómo en nuestra propia vida reproducimos dicha forma de poder, podemos romperla y atrevernos a jugar, ver una película y dibujar sin miedo, a vivir la vida misma… Las niñeces ya lo hacen, así que invitamos a las personas adultas a atreverse y romper con sus propias limitaciones, ya que el temor de que las infancias participen/opinen/expresen es del espectro adulto, no de la niñez.

Itzel Lugo

Mujer, comunicóloga por la UNAM, aprendiz de las infancias y la vida cotidiana. La curiosidad me ha llevado a escuchar, escribir historias y ser tallerista de niñas y niños para aprender junto a ellas y ellos otros modos de investigar. Actualmente, coordino la “Escuela de periodismo para niñas y niños”, así que busco colaborativamente abrir espacios intergeneracionales en donde las voces infantiles sean las protagonistas. Tengo una maestría en ciencias sociales, me encantan los gatos y el verde es mi color.

 

Instagram: @lugnares

Consuelo Herrera Monsalve

Socióloga chilena, activista feminista y escritora del proyecto Niñas Revoltosas.