Termina septiembre, termina el verano. A lo lejos se avista el fin de año y nosotros seguimos registrando lo baladí del cotidiano.

 

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Jueves 6 de septiembre del 2018

Hoy cumplo un mes en el trabajo, qué rápido pasa el tiempo entre periódicos y el olor a fotos viejas. Ha sido fácil adaptarse, el horario vespertino me permite desayunar con calma y callejear por las mañanas, las compañeras son amables y todo es interesante. Trabajar en la hemeroteca es un constante aprender, un constante escuchar, un constante asombro. Además la zona es genial: la orillita poniente del centro histórico. Ligada profundamente a la historia de mis padres y por lo tanto, a mi propia historia.

Isabel

 

Viernes 7 de septiembre del 2018

En algún lugar, alguien espera ser encontrado.

Tal vez tendido entre la hierba, sintiendo la tierra rodearlo. Puede incluso que esté acompañado de otros más, todos en silencio aguardando que alguien tropiece con el resto de un zapato, que alguien encuentre un pedazo de ropa rota; todos esperando un pedacito de suerte, una sobra de esperanza. Esperando a alguien que no perdió la esperanza, que no dejó de buscarlos, que no los olvidó, que no se resignó.

Salió en las noticias. Primero lo vi en las redes sociales, luego en la tele, la nota incluso me siguió hasta en el radio del camión. En una fosa en Veracruz hallaron 166 cráneos. Amargamente hasta me sentí feliz, porque sí se identifican los restos, 166 familias podrán saber que fue de sus seres amados.

Hoy alguien fue encontrado. Con suerte, algún día al menos su recuerdo volverá a casa acompañado con la certeza de qué le pasó.

Mientras en algún lugar, alguien espera encontrar a los desaparecidos.

Ariadna Enríquez

 

Lunes 10 de septiembre del 2018

Estaba terminando de delinear mi ojo derecho cuando la sala de mi casa retumbó con un sonoro “¿QUÉ?” seguido por el llanto de mi madre. La noticia era obvia, mi tío había muerto. Mamá comenzó a llorar desconsolada. Mientras todos corrieron a sostenerla, yo corrí para alejar a mi sobrino de la escena, él no necesitaba eso en su memoria.

“¿Qué tiene mi tía?” preguntó.  No pude mentirle.

“Resiste, mantén la calma, debes estar para él”

Por la noche mientras preparo su maletita, me pide ir al cuarto de sus abuelitos a ver la tele, lo dejo ir. Sollozos.

Sostiene entre sus manitas una camiseta de mi tío, “Mi a-bue-lito” me dice entre lágrimas que no se detienen. Lo abrazo fuertemente y lo dejo llorar, conozco el sentimiento.

La muerte llega siempre de maneras diferentes, a veces se anuncia con una ambulancia que se lleva a tu abuelita sin darte la oportunidad de decir adiós, otras se presenta sin decir palabra con una oleada de tristeza en el silencioso abrazo de tu hermano en una central de autobuses porque sabe que al llegar a tu destino te informarán que tu abuelito ya no está. El 10 de septiembre llegó a mí a través del grito de dolor de mi madre al recibir la noticia de la muerte de su hermano.

Maygualida G.A.

Miércoles, 12 de septiembre del 2018

Man from Naple.

Me gusta encontrarle un sentido extracotidiano a lo que sea que me interesa. Ya sea el nuevo sabor que me deja el café que compré por serendipia o una mirada que llevo hojeando desde hace algunos meses.

Es natural que sepa distinto, le agregué piloncillo, cardamomo y canela. Es un golpe de cafeína seguido de una caricia dulce al paladar.

Es fácil encontrar lo natural o normal en cosas que estamos acostumbrados a percibir. Toda la vida hemos “escuchado”, “visto” o “sentido”. La vaga incertidumbre es ¿qué pasa cuándo es todo a la vez?

¿Hasta qué punto se puede decir que una mirada es algo físico?

Tal vez sean los girones de colores en su piel, su gesto abrupto, su sonrisa dulce, su risa sencilla; y hasta no saber la composición de todo eso no voy a entender por qué su mirada es un golpe de adrenalina pero una caricia en el pecho.

Si existiera una receta para el alma serían pliegos inmensos de yerros, penas, lágrimas y carcajadas. No nos bastaría la ilusión de la percepción del “ver” y muchísimo menos la del “sentir” para descifrarla.

D. Rosales

 

Domingo 16 de septiembre del 2018

Perforas, atraviesas, sacas, jalas.

Te das cuenta de algo que no cuadra.

Llega,

de pronto,

un recuerdo,

distante.

Detienes el descosimiento.

Eras pequeña y estabas desconcertada. ¿Por qué habrá dicho eso tu abuela? Ahora piensas qué sabia/qué terrible tener que decirle eso a una niña.

Es años después que lo entiendes, comprendes la magnitud de las palabras que, afortunadamente, no has tenido que vivir.

–Nunca dejes que nadie te toque

si no quieres,

sea quien sea.–

Respiras, prosigues, ahora coses.

Una aguja entra y sale, a tu voluntad.

Siempre.

                                                                Ele.

Domingo 23 de septiembre del 2018

Nota miscelánea:

Fui a Portales y el pinche kilo de manzana está en 50 varos. ¡No mamar!

Fin de la nota miscelánea.

 

Transeúnte des-memoriado

Miércoles 26 de septiembre del 2018

Hoy me detuve a mirar hacia abajo, he decidido evitar su muerte caminando con más precaución, que caminar distraída y aplastar a uno.

Las lluvias de septiembre los arrastraron hasta los jardines de cada casa, y ellos se multiplicaron.  Todos diferentes en sí mismos, aunque de la misma especie.

En su mundo me sentía ajena pero hoy, me sentí identificada. Más allá de que nos une la necesidad vital del agua y los nutrientes de la tierra, tanto ellos como yo preferimos la vida nocturna, más silenciosa y menos complicada que el día.

A ambos apenas y se nos nota que hemos avanzado un tramo cuando decidimos movernos de lugar y es que en este mundo la velocidad de nuestros pasos y nuestro crecimiento ha sido medida por parámetros «estándar» que ni ellos ni yo, aceptamos cumplir ¡Nos rehusamos! tenemos ritmos diferentes al resto.

Pienso que sus conchas firmes, entre más grandes representan mayor edad y experiencia. Para mí el autocuidado se ha convertido en mi concha, y cada día desde este año he trabajado más arduo en fortalecerla.

Son sabios los caracoles, pues han aprendido a convivir con la muerte y las adversidades. Rápidamente se ocultan si sienten peligro y se multiplican por cientos para evitar su extinción, producto de la mano -el pie, en este caso- humana.

Septiembre me transformó en caracol, el aniversario del sismo y de la desaparición forzada de los normalistas, me recordó que las amenazas externas son constantes y latentes, siendo la muerte lo único seguro en esta vida.

Pero al menos hoy he decidido concentrarme menos en las amenazas y más en las estrategias necesarias para habitar, con la fortaleza de un caracol, este mundo.

 

Rainy mood (clic aquí para escuchar)

Mariquita L.

Jueves 27 de septiembre del 2018

Soñé que Agnès Varda caminaba por la plaza de Tequila. Tras dudar un instante, me regresaba para saludarla, pero en medio de tanta emoción se me olvidaba mi francés rudimentario, y no podía decirle: Agnès, je vous aime! Me desperté con hambre y fui en piyama a comprar tamalitos en la Balbuena. ¿Qué preferiría Agnès, atole o tequila?

Bárbara Zepeda

Domingo 30 de septiembre del 2018

 

“Finaliza Septiembre. Es hora de decirte lo difícil que ha sido no morir.”

Roque Dalton

He estado rumiando, no me gusta, pero hoy me lo he permitido porque lo necesito.

He estado masticando mis cuatro años de supervivencia; las formas en que mi cuerpo se vuelve una metáfora del cuerpo social, y cómo el miedo me alerta, me disecciona y me reconstituye cada vez de distintas formas; por más que el espejo confirme que soy Érika, nunca soy la misma.

Entonces me pregunté ¿Qué es el miedo?

Es mis manos de río vueltas piedra.

Las sanguijuelas que succionan,

aferradas, hasta deslavar mi piel.

El miedo es un eco que hiere y duele,

es el ritual de levantar cada tejita rota,

es una sombra seca en la orilla de los labios,

los huesos dislocados,

el dolor pertinaz e intransigente.

Bueno, el dolor es cosa aparte, es juguetón, le encanta disfrazarse, correrme por el cuerpo y esconderse. Cuando se cansa, se queda dormido dentro de mi esternón como un cachorro perdido; otras veces se acomoda debajo de mis costillas. Este dolor es mío, me digo y acaricio su lomo, mansamente.

Érika Medina Pineduita

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