El amor es un punto de unión que avanza hacia un rumbo, un instructivo sin orden, un libro con páginas en blanco, el amor es y no es, el amor construye y deconstruye, es aprendizaje y des aprendizaje, son colores, formas, tendencias. El amor es madurez emocional, el amor es lo efímero y lo perdurable, en resumen; el amor es lo que queremos que sea. Teniendo toda esta libertad de para amar y ser amados, ¿por qué tendemos a limitarlo a lo que nos han enseñado los demás sobre cómo debe de  ser el amor?

En el contexto del famoso y comercial día del amor y la amistad, analizaremos la narrativa “tradicional” del amor, en aras de abrir nuevas ventanas que nos permitan concebirlo de otras maneras.

Para ser francos, considero que ninguna relación, de la índole que ésta sea, tiende a ser en su totalidad sana. Tal vez comencemos leyendo algo que quisiéramos no haber leído, incluso hasta lo neguemos o nos cueste trabajo entender, identificar o reconocer señales negativas dentro de nuestras propias actitudes o conductas amorosas. Esto se debe a la forma en la que nos han enseñado a amar. ¿Y cómo es esto?

La sociedad nos ha educado a través de diversos medios: las películas románticas, las canciones que nos llegan hasta el alma, los anuncios publicitarios que elevan el estándar del hombre o mujer que quisiéramos tener a nuestro lado, los libros con tintes de amor ficticio. Se nos enseña qué elementos deben conformar nuestra idea de amar y con base en ello formamos nuestra noción de amor ideal. Esta noción encierra estereotipos de conducta como celar para demostrar interés, creer que si no sufrimos no es amor, hacer de nuestra pareja nuestro único universo, la sensación de que siempre hay que saber dónde está, con quién está y qué hace la otra persona, etc.; todo esto se engloba en un término que de seguro hemos escuchado: amor romántico.

Antes de continuar, es necesario entender que el amor romántico es un modelo tradicionalmente heterosexual-patriarcal que afecta de distintas maneras a hombres y a mujeres.  A pesar de ello su influencia también afecta a parejas no heterosexuales. Según Coral Herrera, escritora y comunicadora especialista en el tema, el amor romántico sirve como un anestesiante. Nos  venden el amor como una utopía alcanzable, pero mientras vamos caminando hacia ella, buscando la relación perfecta que nos haga felices, nos encontramos con que el mejor modo de relacionarse es perdiendo nuestra libertad propia y renunciar a todo con tal de asegurar la armonía conyugal1. Básicamente un tipo de amor que, sin que nos demos cuenta, intoxica hasta llegar al daño inminente.

La antropóloga Mari Luz Esteban añade: Tenemos el amor bastante naturalizado y esencializado; porque lo consideramos algo intrínseco: parece que está ahí, que lo sentimos todos los seres humanos, que es incontrolable…Y eso resulta problemático, porque, si es así como comprendemos el amor, nunca nos plantearemos la necesidad de reflexionar y discutir sobre ello2.

Hemos aprendido a romantizar o idealizar nuestras relaciones, o mejor dicho, a las personas con quienes nos relacionamos; en otras palabras, creamos una imagen de lo que deseamos para nuestra realidad y la de la persona con la que queremos estar. Qué cruel suena, ¿no? Lamentablemente todas y todos somos propensos a ello, así se nos ha inculcado y no hemos tenido la agudeza de sentarnos y pensar en cómo es que nos enseñamos a amar, a evaluar si esta forma nos daña o daña a nuestra pareja, y si es eso lo que queremos.

Gracias a estos procesos de idealización creemos que las personas son quienes cambian, se transforman, ya no quieren seguir y así terminamos responsabilizándolas por nuestro sufrimiento. Les tengo noticias, la responsabilidad no es de quien creemos y les voy a explicar a continuación por qué.

Tendemos a crear imágenes de lo que quisiéramos que fuera nuestra pareja y tratamos hacerla encajar en ese ideal a como dé lugar; aunque claramente la otra persona nunca va a cumplir con este ideal. Pongamos un ejemplo. ¿Les ha pasado que ya tienen en la mente las características de su pareja ideal? Que sea una persona cariñosa, amable, sociable, alta, delgada, y un sinfín de otras barbaridades. Algunas características más específicas que otras, como por ejemplo me gustaría que estudie finanzas, que sea adinerada, que se peine de tal o cual forma…. Pues bien, todas y todos tenemos ya nuestros ideales, y en cuanto encontramos a una persona con potencial, hacemos lo posible para que encaje, buscamos que cambie sus comportamientos, que se vista de otras formas, que hable y piense diferente. Queremos que cada vez se ajuste más a nuestro molde ideal y así es como terminamos dañando a la otra persona y a nosotras y nosotros mismos.

Estas conductas las realizamos de manera progresiva, poco a poco, de una manera tan sutil que ni nosotros mismos nos percatamos de ello. Suele costarnos trabajo caer en cuenta de estos ideales sobre nuestra pareja perfecta, pero todos tenemos la capacidad de detenernos un momento y analizarlos, un ejercicio interesante sería el de comenzar a aterrizarlos y evaluar qué tan reales o posibles llegan a ser.

Llega un punto en el que nos damos cuenta de que la persona no cumple nuestras características ideales y aquí es cuando la relación comienza a fallar. Pensamos que nuestra pareja “está cambiando” o “se está convirtiendo otra persona”. En esta parte se nos plantean dos opciones; o nos responsabilizamos del hecho de que la otra persona esté cambiando, culpándonos a nosotros mismos o mismas con pensamientos como “tal vez no soy suficiente”, “fui yo quien no le está dando lo que merece”, y un sinfín de otras ideas irracionales.

La otra opción es que culpamos a la otra persona y le reclamamos el cambio “notorio” (que bien pudiera existir o sólo ser resultado de nuestras ideas). El final es inevitable y esperado; la relación termina y ambas partes salen heridas de diferentes maneras. Y es que hay que decir que generalmente creemos que la otra persona no sufre, pero todas y todos lo viven, cada quien a su manera.

Es así que terminamos vulnerándonos, desprotegiéndonos y dañándonos. Todas y todos podemos ser personas punzocortantes durante nuestras relaciones, en otras palabras, seres que dañan, sin una intención consciente de hacerlo, a las personas con las que decidimos formar pareja, y también, como daño colateral, terminamos dañándonos a nosotros mismos o mismas. Ojo con esto, como en la ley, alguien que comete un delito que no conocía no es eximido ni tampoco ello reduce la condena, por eso, es mejor analizar los posibles daños que estamos cometiendo “queriéndolo o no”.

Y pues, ¡vaya drama! , después de esto me queda una pregunta ¿Esto verdaderamente es el amor? La respuesta es no, pero nos enseñamos a llamarlo así. Somos nosotros quienes tenemos la obligación de decidir qué hacer con lo que nos ofrecen las personas y con lo que les ofrecemos, “dejar que me hiera el otro por su posible forma de “amar” punzocortante o viceversa”, “convivir con cautela teniendo en cuenta una posible herida” o “alejarse”.

Después de esto pareciera ser que es negativo y tóxico amar y, por lo tanto, el involucramiento en una relación, pensar eso nos pudiera mantener alejados de las relaciones por inseguridad, miedo y un sinfín de otras situaciones. La solución de este problema social va, por un lado, a responsabilizarnos y, por otro, a obligarnos a conocer nuestras emociones y nuestros comportamientos, así como respetar la forma de ser del otro.

Hay que analizarnos, pero también hay que buscar ayuda profesional para poder hacerlo de una forma más auténtica, porque, a fin de cuentas, amamos a esa otra persona, entonces, si esto es así, busquemos lo mejor para ambos. Básicamente, salgámonos de lo romántico en el amor y enseñémonos a vivir un amor más real, consciente y libre; donde el acuerdo mutuo, el respeto y el auto-análisis sean los nuevos pilares que le permitan crecer.

Y éstas, queridos lectores y lectoras, son cosas que no nos cuentan sobre el amor.

Referencias

  1. Coral Herrera Gómez, «La violencia de género y el amor romántico», 15 de junio de 2013, https://haikita.blogspot.com/2012/11/la-violencia-de-genero-y-el-amor.html
  2. Maite Asensio Lozano, «Entrevista a Mari Luz Esteban», 27 de marzo de 2012, https://www.pikaramagazine.com/2012/03/mari-luz-esteban-%e2%80%9cse-pueden-hacer-sacrificios-por-amor-pero-siempre-deben-ser-temporales%e2%80%9d-la-antropologa-explica-en-su-libro-que-en-la-cultura-occidental-tanto-la-sociedad-como-las-r/

Fotografías de Ceci Colin