Mientras el otoño nos traspasa, nosotros en nuestras páginas del diario colectivo nos detenemos a sentirlo.

En el reflejo del día a día nos encontramos con máscaras, de quienes somos en el presente pero también de quienes fuimos en vidas pasadas. Fingimos, quizá, pero también cambiamos; otras tierras, otros amores nos transforman. Algunas máscaras se rompen: nos atrevemos a ser nosotras mismas, así sea en nuestra taquería favorita.

En el país, José José se ha vuelto el soundtrack oficial de octubre, y mientras algunos se atreven a llorarle en público, todavía a somos “muchos los mexicanos que lloramos a escondidas aun sabiendo que nos hace daño”.

Al finalizar el mes la cosa se torna un poco oscura, un poco melancólica. El vértigo de la muerte se hace presente y, finalmente, nos preparamos para el querido Día de Muertos

El equipo de esta revista agradece a profundidad la confianza de aquellas y aquellos escritores que llegaron este mes, todos con corazón abierto y compartiendo en voz alta lo baladí de lo cotidiano.  

María Fernanda López y Susana Colin

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Viernes 4 de octubre del 2019

Desde hace unos años mis papás se volvieron fans de las plantas. La ventana más grande del departamento donde vivimos se llenó de macetas. Mi mamá les echa agua y habla con ellas. Mi papá las arregla y luego les toma fotos.

Mi mamá mapeó mentalmente los árboles frutales de la colonia. A veces, en nuestros recorridos cotidianos, desviamos el paso para visitarlos: la guayaba, la mandarina, la papaya, los nísperos, los higos. Buscamos en el suelo si algún fruto cayó y si resultamos afortunadas, probamos su sabor.

Mi papá se robó uno de los cactus de nuestra ventana y se lo llevó al trabajo. Él me enseñó a abrazar a los árboles para contagiarme de su energía. 

Será que siempre fueron fans de las plantas y yo apenas me doy cuenta. Ojalá pudiéramos hacer de toda la ciudad un gran jardín.

Isabel

Miércoles 9 de octubre del 2019

Nunca me habían hecho llorar las canciones de José José. Algo me dice que a todo mundo en México algún día le llega la hora de derramar lágrimas de la mano del príncipe. 

Y es que «qué difícil es decirnos adiós” cuando sabes que las despedidas son para siempre. Al menos en esta ocasión me siento menos sola, ahora dolor es colectivo.

Mariquita López

Martes 15 de octubre del 2019

Mientras tomo el sol de la tarde de este reciente otoño, escucho la voz de Bob Marley diciendo que “juro que fue en defensa propia”. Muchas veces he pensado que en otra vida fui una hippie, pero no logro decidir si de Europa o de América, probablemente del mundo. Me gusta pensar que participé en esa gran revolución cultural de los años 60, que no dejé que mi voz se apagara y que parte de eso sigue conmigo en esta vida.

Sin embargo, también es cierto que muchas veces me caen mal los hippies, al menos los actuales. La razón principal es que no creo que el “estar conectados por el cosmos” sea la mejor frase para ligar, básicamente me caga. Yo puedo creer muchas cosas místicas, perotengo un límite. Así que como buena rueda kármica, estos hombres hippies se me aparecen por donde menos lo espero y muy frecuentemente.

La vida, aunque desgraciada en muchos sentidos, siempre encuentra la manera de bromear con nosotras.

El otoño es naranja

Miércoles 16 de octubre del 2019

4:26 am y sigo despierta.
El ruido blanco de una gata ronroneando no logra sobreponerse al de mis recuerdos.
Creí que masturbarme haría más rápido el proceso de conciliar el sueño, pero no. Sólo me llevó a pensar.
Michi se ha subido en mí.
Dejo de ver traseros humanos para notar que el de la gata está cada vez más cerca de mi cara. Lo mantengo alejado con una mano en lo que escribo con la otra.
¡Qué animal perturbador es el humano!
Jugamos con aquello que tenemos dado naturalmente y, desde antes de nacer, estamos condenados por nuestros iguales.
Nuestro yugo es la posibilidad de elegir.
Buscamos la libertad pero no estamos muy seguros de saber qué hacer con ella. Muchos de nosotros nos debatimos entre el trabajo que conlleva la interminable toma de decisiones o la aparentemente salida fácil de optar por «no elegir», dejando así la elección a manos de otros.
Estas no son formas de pretender dormir o de hilvanar ideas.
Será que es más útil contar ovejas que pensamientos…

Kube Bonifant

Lunes 21 de octubre del 2019

Hice «una escena» en mi taquería favorita.

Sentía mis manos temblar mientras palabras –años ocultas– borboteaban de mi enfurecida boca. 

Me desgarraba, llorando…

Y me sentía poderosa.

Nunca más he de callar por no hacer sentir mal a quien no piensa en los demás, a quien no se cuestiona sus conductas enfermas de generaciones anteriores, quien dice «así soy y no puedo cambiar».

Cambiamos a diario, démonos o no cuenta de ello.

Río, lago, charco: las aguas dejaron de ser las mismas.

Mexicanos: llorar a escondidas les ha hecho mucho daño.

Uba

Martes 22 de octubre del 2019

En los últimos días he oído tanto sobre el compromiso con una misma. El contexto, se refiere a coaching sobre mis procesos de vida. Y una pizca del clima astrológico del mes.

Me ha sido difícil identificar si soy honesta, comprometida, leal y confiable con la gente que me rodea, al exterior se supone que lo soy, por que las personas me lo dicen: proyecto autenticidad y confianza. Sin embargo no se trata de lo que las personas piensen de mí, se trata de lo que yo hago con la información que me confían.

Pero en honor a la verdad al interior, es complejo manejar tanta información entre mis propios traumas y conflictos emocionales. Es más fácil proyectarme en los conflictos de las personas, y evadir mi realidad, que hacerme responsable de mis propias acciones o conductas.

O sea me gusta meterme en chismes y generar incertidumbre sobre ciertos temas ¡caray! Debo de enfocar mi energía en otra cosa ¿Qué complicado verdad? 

Estoy en terapia, para tratar de entender mis apegos y codependencias, ya sé. . . Tan seriecita y cuerda que parezco jajajajaja

Pues no, la vida es un aparador caras vemos y conflictos internos no sabemos. Súmale redes sociales y no ser consiente de nuestro comportamiento. 

Lo interesante del tema es, de tantas mascaras que  uso ¿sé realmente quién soy? o ya me perdí en mi propio discurso evasivo.

Shirel

Sábado 26 de octubre del 2019

Por milésima vez le murmuro al viento que te haga volver, que te regrese a mi lado aunque sea como un fantasma,
como una sombra que se adueñe de mi cama, que por las noches me susurre historias y me acaricie con la mirada.

Recuerdo una y otra vez que esto es temporal y que el amor nunca acabará, que tú sueñas conmigo tanto como yo contigo y mi alma respira con tranquilidad por primera vez desde hace mil años ya, sin embargo, algo me regresa bruscamente a la realidad y me hace ver lo lejos que estamos de lograr nuestro objetivo inicial e  inevitablemente caigo en el mismo abismo glacial que me entumece, me retiene, ese oscuro lugar del que nunca logro escapar, aquel que por ratos se disfraza y me muestra una buena cara, aquel que me consuela un segundo para las próximas 24 horas hacerme gritar.

Jessica Díaz Mendoza.

Lunes 28 de octubre del 2019

Una chica termina su examen profesional, de a poco los nervios se van transformando en alegría. Su abuela, una señora mayor que asistió a verla desde su silla de ruedas, le pide que se acerque. Extiende sus brazos y le dice -Ayúdame a pararme-. -Abuela, no es necesario, quédate ahí-.

Con gran esfuerzo la señora se levanta y se sostiene en sus dos piernas. Llorando de emoción abraza a su nieta y con voz entrecortada le dice -Todo lo que haces ha valido la pena mija-. 

Lloro ante la escena. Seguro que si mi abuela pudiera todavía levantarse de su silla me dice algo parecido el día de mi examen.

 Las abuelas son la reencarnación del amor.

Transeúnte desmemoriado

Ulijaro

Jueves 31 de octubre del 2019

Lecciones para sobrevivir a los 26 años, parte VIII: Diccionario de chapinismos 4.

Fiambre

El fiambre es un platillo tradicional chapin, o sea, guatemalteco, que se prepara con algunos días de anticipación al 1ro de noviembre y pueda servirse el día de muertos. El elaborado manjar contiene distintos tipos de embutidos (literalmente pues hay salchichas, peperoni, chorizos varios y hay uno negro, etc.) remolacha, o sea betabel, repollo o col, huevo, lechuga y otras cosas más… creo que también lleva habas y una especie de hierba rara cuyo nombre nunca me acuerdo.

Pues te dan a probar el fiambre: te sabe a cascadas bastante caudalosas de Las Conchas; a aguas brillantemente azules de cenotes hermosos; sabe a viajes en moto por la ciudad y comer pizzas de loroco a reventar. Sabe a religiones empalagosas, sabe a huecos burlándose de ti y de tu acento. Sabe a “date cuenta amiga” y risas constantes; sabe a mirar a tu amiga a los ojos porque comprendes sus decisiones. Sabe a extrañarlo siempre, verlo en cada reflejo de las nubes.

Sabe a un suspiro melancólico de los guatemaltecos, porque ya están hartos de las balas; sabe a pláticas llenas de orgullo, porque ambos quieren luchar y no cansarse; tiene un gran sabor de admiración, porque te sientes un consuelo; sabe a llegar y ser extranjero, pero sentirte en casa; sabe a rellenitos y tortillas gordas y pequeñas; sabe al cadejo que te espera bolo a media calle; sabe a maderas policromadas de fe y entrega…

Pero queda en ti un sabor más importante: debajo de tu lengua se filtró un estímulo y es que ahora sabes que el que sabe distinto no el fiambre o cada uno de sus ingredientes, el que ha cambiado de sabor sos vos, porque ahora sabes a Guatemala.

Chmsk