Hoy, los astros nos impulsan a estar de vuelta, o más bien, nos ayudan a entender que como terrícolas hemos dado una vuelta al sol y vamos iniciando otra. En este diario, logramos hacer que naciera el sentimiento: “paramos nuestra vida para vivir las emociones” y aquí estamos, un año más escribiendo. Juntas y juntos haciendo historia, dejando registro de lo que ya caducó, de los cacomixtles que se nos atravesaron, de las amigas que abrazamos y las lágrimas derramadas. Gracias por dejarnos resguardar cada detalle baladí que el “no dejar de palpitar” nos regala.

María Fernanda López​

 

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Jueves 9 de enero del 2020

Escribí una carta, una carta de una cuartilla que no te envíe. Tenía los motivos y los detalles de mi decisión. Tenía la seriedad que le doy a las palabras cuando quiero poner el punto final, el quinto o el sexto da igual, todos son «el último». Te escribí una carta, pero la retuve en gúguldocs, en vez de eso te mande un pequeño inbox: ‘estoy confundida, prefiero seguir con la distancia, perdón’, algo así. Es que te he escrito tantos mensajes largos, pensando que explicar ayudará a cerrar las cosas, que al fin veo lo absurdo de esa seriedad, de nada sirve un punto final, si quien lo pone o lo recibe lo hace coma o le agrega otros dos más…

La Principita

Martes 14 de enero del 2020

Hoy está marcado en el calendario familiar un evento trágico, mi sobrinito decidió no nacer y ahorcarse en el vientre materno a los 7 meses de gestación.
Situación complicada, por que en su familia la hija primogénita nació con hidrocefalia y solo vivo 1año 9meses 😞 nos dejó un fuerte aprendizaje en donde entendimos que » Todo tiene solución menos la muerte » honro su vida a través de mis textos. Ella fue Shirel💜
 
Al año 5meses nació su hermana quien afortunadamente es una niña sana físicamente y a quien han tratado de educar emocionalmente estable. Por qué en nuestra familia tradicional, machista, misógina, creyente, mostrar nuestras emocionales es símbolo de debilidad.
 
En fin la vida sigue y nosotros con ella, el mundo no para por nada ni por nadie, somos nosotros quienes decidimos parar nuestra vida para vivir nuestras emociones (bueno esto lo aprendí en terapia, por que mi familia puf!!)
 
Entendí que si tengo ganas de llorar lo tengo que hacer en el momento que nazca el sentimiento, así como las diferentes emociones que experimento, lo importante es identificar la raíz de la situación.
 
Gracias Jr. Y Shirel por la inspiración 💜

Shirel

 

Domingo 19 de enero del 2020

Ayer por la noche me topé con un cacomixtle en la esquina de mi casa. Iba caminando muy quitado de la pena, como sabiéndose protegido en la oscuridad. Era un animalito hermoso y simpático. Avanzó unas casas y se subió a un árbol, le miré un rato y, al notarme se sorpendió un poco, luego continuó su ascenso.

En mis cerca de 12 años aquí nunca había visto uno. Les conocía por mi libro de Ciencias Naturales de la primaria y por algunas monografías, aparecía en las ilustraciones de la fauna del valle de México. Siempre me parecieron curiosos, en el semidesierto no tenemos animales así.

Fue una grata coincidencia, sospecho que nos volveremos a encontrar en este viejo y asfaltado valle que ambos llamamos hogar.

Semidesértico

Martes 21 de enero del 2020

Mis ojos están hinchados de tanto llorar, me duele la espalda de tanto agacharme. Llevo días sin que nada me haga sonreír, sentirme bien. Me frustra que no pueda decirme que desea. Me desespera no saber qué le duele. Intenté contarle a mis amigos lo que me sucedía. Pero quién comprendería como se me parte el corazón cada que veo que mi perra intentando hacer del baño pero no puede levantarse porque le lastimaron la columna cuando la atropellaron hace unos días cuando se escapó de la casa.

Esto me llevó a reflexionar sobre lo difícil que lo pasan las personas que tienen a una persona con una discapacidad, realmente nos hace falta empatía.

Sendeprepia

Martes 21 de enero del 2020

Ayer mirándola fijamente pude notar un destello en su cabello.
Fue raro, justo cuando ella me contaba sobre cómo había logrado desafiar sus miedos, una luz brotó de su cabeza y brilló intensamente.

Pasaron las horas, caminamos hacia el metro y ella continuó su historia.
Mientras pronunciaba las palabras «amor propio» y «autocuidado» algo volvía a brillar. Yo, seguía sin entender.

– Es que lo que he aprendido es que si cada una no se procura cuidados y amor a sí misma, nadie más lo va a hacer por ti. Es un principio de autonomía.

-¿Pero por dónde empezar?, le pregunté.

– Primero hay que dejar de pensar en los parámetros de «debilidad» o «fortaleza» tal y como nos los han enseñado. El autocuidado va desde ser gentil con nosotras mismas: no juzgarnos, no sabotearnos, y tener claro que esto no nos hace débiles; cuidar de nuestra alimentación o pedir ayuda cuando la necesitamos tampoco. Cada una conoce sus caminos hacia su bienestar, sólo falta iluminarlos con una gran linterna.

Después de escucharla, me detuve en seco frente a ella, la abracé. No podía dejar de sonreír, ni de pensar que aquello que me enseñaba era demasiado valioso, digno de que el mundo entero lo supiera.

Ya más de cerca, puede descubrir que lo que brillaba en su cabeza era una cana. Todo tenía sentido, su crecimiento y maduración la hacían más sabia.
La fortaleza no está donde siempre la buscamos.

Mariquita López

Jueves 30 de enero del 2020

“Yo no suelo ver el cielo”

Todo tiene una fecha de caducidad. Con suerte su función resulta clara y todo termina sin mayor eventualidad.

Con suerte no te duele o duele poco, porque te das cuenta que realmente “no era para tanto”.

Los hubiera no existen porque siempre sucede algo aunque se aleje de ser lo que anhelamos: A veces pasa que no pasa nada. (No es menos luz la centella por cegar sólo un momento)

Y a veces pasa que fugazmente pasa todo. Y en ese fulgurante instante te paraliza, te paraliza en el corazón de un sollozo por un ataque de pánico, te paraliza dentro del más alto grito de éxtasis y te paraliza, a solas, encogida mirando de frente todos los poros por los que se te sale el alma y resaltan tus miedos.

Pasa que sólo quieres respirar su aliento salado. Pasa que te pierdes en la inmensidad del cielo de su pecho.

Pasa que pasará y no te abandona la necesidad de buscar la fecha de caducidad en cualquier recoveco que dejan sus palabras –por más dulces y amorosas que sean-. Quieres estirar el instante pero no lo ves necesario ya.

“Espera a que oscurezca más y se verán todas las estrellas que quieras”

Recinto de Veneno

Viernes 31 de enero del 2020

Decir “ver” sin la palabra “ver”

Vibrarte en las pupilas. Enamorarte de lo inusual. Quemar las neuronas en la incertidumbre. La estocada muerte. Pregúntale porque está mal que le pida que se cuide a él mismo, pero explíquenme porque estoy mal yo en pedírselo. Acaríciame, no tengas miedo a hacerme daño amor. Llevo tres semanas sin escribir en la tesis, debo reponerme en los siguientes días. Tengo dentro la culpa de no haberme ido hasta la ciudad. Escurrir de las memorias cuando tu imagen borrosa quiere partir. Atento a los detalles, hacer hechicería a veces tiene más de sentido emotivo que lógica. Amiga,hayquevercómoeselamor,queenvuelveaquienlotoma,Gavilánopaloma,pobretonto,ingenuo,charlatán,quefuipalomaporquerersergavilán.Quienesculpable,elvivedentrodemiperonoquierosacar,sentirlocerca,sentircomoamasdecuatroscientosmetrossevaynopodercorrerparaimpedirlo,llorarpordentro,llorarporfuera,llorareneltiempoyderepentesanas. Sanas las heridas.Sanalacostra. Sana él, sanaste tú… pero duele cuando la arrancas. DUELETANTOCUANDOLAARRANCASQUESANGRANTUSOJOS. Ver y preguntar ¿para qué la carta de pasante?

Chmsk

Viernes 31 de enero del 2020

Temor. La noticia me hizo retumbar, un latido me colocó en una repentina y cruda realidad: no la verás otra vez.

Duda. Antes del anuncio fatal no había evidencias tangibles. Dar un paso en falso habría sido catastrófico. Podría derrumbar la posibilidad de una amistad, pero confieso, el propósito era algo más.

Euforia contenida. Con una mirada me captaba, con una palabra me descolocaba, con su tacto yo no sé, no atino a decir que me causaba.

Entre el bullicio de una oficina, el vaivén de gente y el estrés, verla fue durante meses el mejor escaparate.

Resguardado tras un monitor buscar su figura, su sonrisa, su mirada se volvió mi principal labor.

Acelerado, como al ritmo de un tambor, me descubría demudado al ver indicios de correspondencia (tal vez serían solo mis ideas).

Aprendí a sobrevivir de miradas cautivas, de saludos y despedidas breves, de pensarla y no atreverme, todo al ritmo de un compás acelerado, de temor, euforia y duda.

«Hoy fue su último día, renunció», esas palabras detuvieron el compás de mi palpitar.

Por cobardía, en soledad, fui corazón, latido, herida y arma lacerante. No atiné a decirle me agradas más que mucho, salgamos ¿te gustaría?

El rechazo era una posibilidad, pero me gusta pensar que sí pudo resultar.

A veces uno aprende a la mala, pero un aprendizaje queda: a pesar de todo no hay que dejar de palpitar.

¿Tú en qué inviertes tus latidos?

Ángel Moya