Los veintiocho días de febrero se pasaron volando. En medio del vertiginoso ritmo del tiempo hacemos un alto para la mensual recapitulación del #DiarioColectivo. El amor prima en las colaboraciones recibidas este mes, y viene en todas presentaciones: el gustar sin saber, un efímero encuentro (casi)sexual en el metro, la nostalgia del amor pasado. Sin embargo, aquello que hila los relatos es más profundo, más general.

La vida sucede todos los días y nosotros la miramos pasar, muchas veces sin tener control alguno sobre ella. Dejar ser, soltar, fluir. Un par de chicas esconden su relación amorosa ante los ojos del resto, encontrarse al amor perdido y dejarlo ir, amar en el último vagón del metro, sentir, escribir el miedo que atraviesa el cuerpo, reflejo de nosotras mismas.

Gracias por compartir las reflexiones de banqueta, los viajes al corazón, los tigres tristes. Febrero es el recuerdo del mar del que nos queda sólo la memoria mientras corremos por las calles de esta loca ciudad.

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Sábado 9 de febrero del 2019

Me dejo llevar, me tiro al precipicio. Ciega, sordo- muda. En la caída espero el rescate, al cabo es alto el acantilado. Alguien tal vez venga en avioneta y me lance un paracaídas.

¿Qué pasaría si nadie viene? ¿Dónde y cómo caería? ¿Moriría? ¿Y si no muero? ¿Si sólo me quedo sin todas mis herramientas?

¿Qué es esta vida que llevo?

¿Cuándo voy a atar todos los globos de mi mente y dirigirlos a donde yo quiera? Así sueltos se pinchan y desinflan. Se pierden uno del otro. Debo encontrarlos, uno por uno y traerlos de vuelta. Hacer jornadas de búsqueda con objetivos concretos.

Ya no es tiempo de soñar sin límites, de volar tan alto que se pierde el punto de partida. No sirve soñar sin concretar el camino. Se me olvida que no estoy volando sino cayendo.

Tal vez planear significa imitar a los pájaros, que van estudiando el suelo, contemplando las opciones de aterrizaje, mientras despliegan sus alas a la imaginación y el goce del movimiento.

Así van planeando su futuro, minuto a minuto, confiados en lo que saben y han visto del mundo, donde se instalan por un rato.

Si estoy cayendo al precipicio, ¿habré de inventarme unas alas y planear mi descenso? Los globos de mi mente ya no me alcanzan. ¿Cómo puede una humana hacerse unas alas en plena caída?

¿Tal vez con mi ropa? Aunque sea poco lo que amortigüe, a fin de cuentas, es el primer intento.

Cuando caiga ya sabré dónde duele para no repetir.

Si ya decidí usar alas, quedar desnuda no es un problema.

Isabel C

Domingo 10 de febrero del 2019

Qué te puedo decir si por ti escribí los mensajes más largos, aquellas cartas interminables que aún no he podido entregar porque dicen cuánto te amo y no puedo dejar que veas en realidad lo que pienso.

Hoy sin duda es uno de los días más grises y terribles para mi, hoy te has llevado mi corazón y cada parte de él dice tu nombre, cada trozo que uniste y destruimos los dos. Solamente puedo agradecer por los buenos momentos, por aquellas risas, por aquellos besos, por entregar todo de ti y por dejarme darte lo mejor de mí.

Te amo, sé que el tiempo todo lo sana y todo lo lima, espero que ese enojo y tristeza lo conviertas en cosas buenas y algún día vuelvas a verme con esos ojos que se esconden entre esas cejas y ojeras profundas. Aquellas grises historias que van formando cada noche en vela, provocadas por tantas preocupaciones que te aquejan. Me has dado la mejor parte y la mejor versión de ti, gracias por enseñarme lo que significa amar, lo que es entrega y compromiso. Si bien los nos hemos roto un poco y ahora hemos de enmendarnos; con anhelos de que al término de esta salida técnica podamos encontrarnos nuevamente amándonos y viéndonos con esos ojos café profundo. Aquellos ojos que tanto me gusta ver, con ese amor que emanan y que algún día supe que su dueño me amaba con cada latido de su corazón.

Ahora bien lo único que deseo es que estés bien, que sanes cada herida, que cicatrice cada palabra y pensamiento equívoco. Tanto me gustaría que tus heridas externas y problemas, también se transformen en experiencias de vida, con moraleja y con gran enseñanza. Me gustaría que te prepares para nuevamente amar, si no es a mí, a alguien más, sin miedos y sin preocupaciones porque ten por seguro que tú también te lo mereces, mereces que alguien llegue a tu vida y no que la llene, si no que la complemente. Me gustaría que fueras feliz en cada momento, amaría ver resplandecer esa maravillosa luz que tienes, no la dejes extinguir por favor que el mundo necesita mas personas como tú, entregadas, comprometidas, responsables y con humor sarcástico característico.

Quiero verte feliz y que Dios esté a tu lado siempre guiando tu vida y tu corazón en cada prueba de la vida. Siempre me tendrás cerca, admirando cada logro, a veces seré silenciosa y me ocultaré o bien estaré a tu lado. Aún no sabemos el destino de nuestras vidas yo solamente sé que el mundo es redondo.

 M. Elia

Miércoles 13 de febrero del 2019

Acabo de conocer a un chico llamado Marco en el último vagón línea verde dirección Universidad. Se subió en Niños Héroes si mal no recuerdo, nos vimos después de que guardara un libro destartalado que llevaba leyendo. Me lanzó un beso y le asentí con la cabeza para que se acercara. Nos comenzamos a fajar. Me quité los audífonos, no podía dejar que la música distrajera mis sentidos de la pasión con la que me besaba. Luego luego nos preguntamos en qué estación nos bajábamos. División del Norte. Yo no iba para mi casa, de haber sido el caso seguro me lo llevo. Hasta me lengueteó la cola: le dije que se la quería chupar y me dijo que mejor me lamía mi culo y lo hizo.

No iba tan lleno el metro lo cual me excitó aún más porque había más probabilidad de ser vistos. Resulta que él iba para Autobuses del Norte. Nos quedamos besando y manoseando en División unos quince minutos. Jamás alguien me había besado tan profundamente. Quería que me masticara y triturara. Me tocó toda. Me dio muchos halagos y se sintieron genuinos. La química era perfecta, escribió mi número en una libreta, dijo que no tenía celular. Se despidió diciéndome te quiero mucho, se sentía inevitable decir algo así después de tan intenso episodio. Le respondí yo también.

Fue amor de primera chispa. Afecto inmediato. Presencia en el acontecimiento. Irrupción de la contingencia. Sólo el último vagón puede albergar esas posibilidades tan remotas de encuentro total y repentino. Me hubiese gustado tomarme una foto con él para grabar el momento, se me ocurrió muy tarde. Talvez una mejor forma de hacerle justicia fue que se me ocurriera tarde. Llevaba gafas con micas azules muy atinadas. Me gustó todo él y su arrojo. Debo tanto al último vagón como espacio del acontecimiento y como caldero de soltura e inmanencia, donde toda la desidia y miseria afectiva del mundo gay pueden evaporarse entre las exhalaciones de un beso acalorado.

La siguamonta

Jueves 14 de febrero del 2019

Encuentro

Jamás te escribo
Y heme aquí,
haciéndote un verso.

Te vi,
y tuve nervios.
Y ya andando
con la guardia baja,
que empiezas con los besos
y los mordiscos…

Que los cuerpos se unen,
y que el uno y el otro,
nos lleva a aquello.

Tristeza

Saber que se hablan como amantes
Cuando ya no son nada

Karen Ávila

Sábado 16 de febrero del 2019

Caminé mucho para encontrar un libro, estaba cansada, hallé una banca en la Alameda Central y tomé asiento. Un par de chicas de aproximadamente unos 20 años estaban frente a mí. Una era de piel blanca con cabello castaño. La otra era de piel morena y cabello largo negro.

Su risa estruendosa llamó mi atención, bromeaban, se tomaban de la mano, se abrazaban, pero de forma sutil, como tratando de ocultar algo, me pareció común pues a pesar de que todos somos libres de amar a cualquier persona sin importar el género, color de piel, religión o estatus, a muchos aún les resulta difícil de entender y sucede esto: tienen que ocultar lo que sienten.

Comencé a hojear mi libro, escuché gritos, era la castaña, peleaba con un chico alto, delgado, cabello negro corto, de unos 22 años. “¡Que nos dejes en paz!”, gritó la chica. «¿Cómo pudiste hacer esto? ¿no tuviste la decencia de decirme? ¿por qué Diana?», dijo él.  Diana sólo pedía disculpas.

“Yo soy tu novio ¿por qué estas con ella, tanto tiempo decidiste echarlo a la basura por ella? Tú no eres así, le volvió a recriminar. “¡Ya no me sentía bien contigo y me enamoré de ella!”. Francisco enojado la interpeló “¿Qué carajo tiene ella que no tenga yo?” “¿Qué te dio? sólo se quiere aprovechar de ti”. “¡No Francisco, ella sí me ama!”, le contestó la joven.  

“Mejor vámonos, no vale la pena pelear con él”, dijo la aludida mientras tomaba la mano de la acusada para alejarse. “¡Claro vete con ella, déjame aquí como estúpido! Veamos qué dice tu mamá de esto”. Diana volteó y le suplicó que no le dijera nada a nadie.

«Todos se van a enterar de esto», le advirtió y se fue.  “¡Jódete Francisco!» y se echó a llorar en los brazos de la defendida. “Estaré contigo enfrentando esto, todo estará bien”, le dijo mientras besaba su frente.

Me puse de pie y caminé hacia el metro, me di cuenta que todo sigue igual.

Mafer Ramírez

Domingo 17 de febrero del 2019

Muy dentro de mi corazón crece un árbol, su fronda es inmensa, su ramaje muy fuerte.

En las ramas más ocultas hay un tigre diminuto agazapado. Sé que está ahí, que es parte del lugar; a veces subo con cuidado y lo acaricio y es en ese momento que sopla un viento de nostalgia.

Si lo abrazo las hojas cantan melancolía. Es un tigre triste. Si lo miro a los ojos, se siente amenazado y salta sobre mí; su zarpa me detiene, me inmoviliza.

Dentro de mi corazón todo oscurece. Permanezco en la quietud  del silencio; el tigre vuelve a su lugar; pequeñito agazapado nuevamente hasta el próximo encuentro.

Ardilla rabiosa

 

Viernes 22 de febrero del 2019

Está de pie esperándome, siento un vacío en el estómago, mis mejillas se cansan de  sonreír, su aroma realmente es agradable. ¿Me gusta? Mis piernas tiemblan, su presencia es reconfortante. Un nudo en la garganta, algo extraño me está pasando. Una sensación recorre mi espina dorsal, disimulo bien que deseo saber qué piensa sobre mí, pero sí, me gustaría gustarle.  

Amador

Domingo 24 de febrero del 2019

Yalitza Aparicio ganó un Óscar. Alfonso nombró a una mujer, le consiguió un rostro, un cuerpo y otro nombre, y fue. Ella fue. Y la Academia vio que era buena. Los críticos hermosearon —o desdeñaron— los logros y las bellezas del creador, y hubo quienes alabaron la Idea y menospreciaron el cuerpo, lo que se podía ver y tocar. La insuficiencia palpable. Un cuerpo oscuro puede ser la mácula del espíritu, y un cuerpo blanco, representarlo bien al entendimiento, se sabe. La oscuridad, la mácula, es visible y palpable, no puede esconderse.

Sin embargo, mi hermana me dijo que la defensa, la pequeñez y el temor de su cuerpo habían sido impresionantes. Por la cámara, por un nombre, un cuerpo moreno de mujer pudo hablar. Quizá habló por nosotras. Quizá pudo decir algo de la pequeñez y del miedo.

Miguel, te digo que hay cuerpos que viven con miedo, que sí, déjame hablar. Hace tres semanas —o desde cuándo— el metro fue un hoyo negro para las mujeres. Había un perfil preferido por los victimarios, yo lo vi al menos diez veces. Mujeres, entre 15 y 25 años, universitarias morenas de cabello largo y negro. Se recomienda no salir sola, no salir de noche, evitar los lugares de riesgo. Si usted cumple con este perfil, se le recomienda esconderse. Pero, Miguel, la oscuridad es visible y palpable, no puede esconderse.

Yalitza Aparicio ganó el Óscar a mejor actriz.  Todos la vimos. Y yo soñé que la estatuilla dorada no era blanca.

Melissa Damián Arellano.

Martes 26 de febrero del 2019

Me sentía sola, el aire estaba más frío de lo común, sentada en la banqueta a puertas de algún lugar. Sin orientación y sin punto a donde ir. Febrero estaba a punto de cerrar puertas dejando aventuras y etapas, que consigo traían arraigados viejos temores y antiguos amores.

Me preguntaba a dónde van los soñares, nos perdemos por las calles mancilladas del lúgubre sol, o quizás nos escondemos en algún lugar donde nos podamos sentir cómodos y a gusto con nosotros mismos, es aquí donde inicia mi diario sobre el 26 febrero y el fin de sus días, con el ocaso a mis hombros, acuñaba mis primeras palabras a cosas repentinas sobre este día.

Sarah Jostein Ramírez Fierro

Miércoles 27 de febrero del 2019

Morir de amor

Pienso en ti, en todo lo que hemos pasado
pienso en mí y en donde he acabado
creo que perdimos el control
vamos, dame ya un paracetamol.

Me pregunto sobre nuestro futuro,
pero nunca de mis sentimientos,
segura que te amaré hasta donde duro,
pero dime, ¿por qué tengo estos agujeros?

Trato de usar la poca razón que me queda
pero siendo sinceros, no sé si deba
no te juzgo por mi sufrimiento
sólo porque no hiciste el intento.

Te pedí cuidar mi corazón
sin esperar jamás tu reacción
en verdad debiste parar,
cuando te dije amor, que esto nos iba a matar.

Mira ya está sangre, mírame ya sin aliento
por favor espera sólo un momento,
que quiero que esto termine lento,
ya no dejes mi amor que se nos acabe el tiempo.

Una flechada

Miércoles 27 de febrero del 2019

Caminaba, cansada, pensando qué iba a hacer, pasaban mil cosas por mi cabeza pero decidí ignorarlas y disfrutar un momento de la conversación. Hablábamos del amor, de cómo es hermoso pero cruel o eso nos habían hecho sentir.

Le conté sobre la última vez que lo vi, ya había pasado un año, ¡qué rápido pasa el tiempo!, pensé. De repente nos detuvimos en un puesto de libros que atrapó mi atención, con la cabeza agachada miré los títulos, de pronto sentí como tocaron mi hombro, voltée y ahí estaba él, igual que hace un año, igual que siempre, igual que como lo recordaba.

Por un segundo nada había cambiado, y ahí estaba otra vez esa sensación en el estómago, ese sentimiento de vacío y adrenalina que no sé explicar. Me regaló una sonrisa, sus ojos negros brillaban mientras me miraban, no supe qué hacer, intenté aparentar que no quería salir corriendo.

Conversamos un par de minutos, cuando se despidió lo abracé y juro que no quería soltarlo, no quería dejarlo pero tenía que hacerlo, tenía que soltar todos esos recuerdos. Es cierto que jamás olvidas a alguien, menos lo que te hacía sentir, cuando lo vi alejarse supe que me había engañado, que de nada había servido todo este tiempo, que nada se fue de mí, todo seguía conmigo, bastaba con verlo para que los sentimientos despertaran de donde los había obligado a dormir.

Isabel

Miércoles 27 de febrero del 2019

Llegó la noche del día de hoy; un miércoles cualquiera, sin prisas, sin dramas, sin llantos que tenga ahogados en la garganta para no transformar el “problema” a uno mayor.

Un miércoles cualquiera, donde la mañana es silenciosa, en una cama grande que me permite navegar por toda ella.

Un miércoles cualquiera donde el esperarte después de clases ya no era mi mayor preocupación, donde el recibir tu mensaje ya no es emoción.

Creo que llegué al fin, no estoy segura si tú también; nunca me demostraste al verdadero tú; lástima que cuando lo entendí ya no estabas aquí.

Me hubiera encantado poder preguntarte muchas cosas. Cosas después de la despedida, te aseguro no te preguntaría el porqué, eso un día después , para mí se quedó en el olvido.

Mis dudas son otras, ahora solo quiero conocer todo acerca de ti y la persona que nunca me imaginé que podrías llegar a ser.

No te halagues, es únicamente mi ego tratando de comprender y darle un final a lo nuestro, o únicamente a lo que mi mente se llegó a imaginar.

Creo que aún después de tener todas estas dudas, no te las llegaría a expresar, no importa si en un miércoles cualquiera aún rondas por mi cabeza.

Es momento de dejar estas ideas partir, de solo dejarlas como algo intangible y lejano a lo que alguna vez fui.

Hoy solo fue un miércoles cualquiera.  

Monserrat

Miércoles 27 de febrero del 2019

El actor

Siempre me ha sacado de onda la gente extrovertida, la que se ríe estruendosamente y habla todavía más fuerte. Me desconcierta la gente que irradia alegría y manda mensajes de buenos días sin falta. En el fondo creo que no les comprendo, aunque ello no impide que les guarde admiración.

El año pasado me topé con alguien así en un curso que duró varios meses. Una persona de teatro cuya energía era imposible no notar.

Solo le vi actuar una vez, interpretó un papel que él mismo había escrito durante la ceremonia de fin de curso. Fue una presentación corta pero para nada improvisada. Se transformó en un payaso que, mientras esperaba su turno para entrar en escena, comenzó a meditar en voz alta frente al espejo de su camerino. Habló de cómo en su pasado, mientras estudiaba teatro, nunca imaginó acabar como un simple payaso. Habló de sus colegas que tampoco habían logrado hacer carrera en la actuación. Habló de lo difícil que era cumplir los sueños que uno anhela de joven. De golpe, mientras se escuchaba a sí mismo, recordó lo mucho que disfrutaba ser payaso. Cobró conciencia de cuánto le llenaba sembrar sonrisas en su público. Dejó de lado la nostalgia por el pasado y comenzó a realmente darse cuenta de cuán feliz era en aquel momento exacto de su vida. Con más seguridad de la que había tenido nunca salió finalmente al escenario a hacer lo que tanto amaba.

Fin del acto. Aquel imponente actor ya no está más en este mundo. No creo poder olvidarle nunca.

En memoria de Juan Carlos Tolentino

Humberto García Cervantes

Miércoles 27 de febrero del 2019

Ya es tarde

Como la arena cobriza en la playa los recuerdos son el sedimento eterno del mar de la memoria. Mareas de reminiscencia y oleadas de pensamientos, que son como flagelos, a menudo me hacen navegar a la deriva en esas aguas.

Hoy la marea pinta para estar baja, el plan es sencillo: el cine, una película, charlar sobre cómo le ha ido, su trabajo, la vida o cualquier cosa. Podemos “ponernos al día” pues ya hace más de un mes sin verla y me da gusto que voy a verla, siempre me da gusto verla.

Estoy a unos metros de llegar al cine, voy de prisa, pero no logro ganarle la carrera al semáforo; marca el siga a los autos. Estoy frente a la fuente de la Diana Cazadora. Ríos de gente caminan, andan en bici e incluso en patín por delante, por detrás y a un lado y al otro de mí.

El ojo celeste deja caer sus rayos en mi rostro, calienta la atmósfera, comienza a tatemar, poco a poco, mi piel y efervescen recuerdos de mi reciente estadía en las costas de Guerrero frente al mar. sin embargo, ahora estoy en la ciudad frente a una fuente cuya brisa no me llega y mucho menos refresca mi puerto corpóreo.

El bullicio, el smog, mi impuntualidad, otras inexactas preocupaciones, desesperación… Ya quiero llegar. Después un olor a sal que proviene de mi corteza cerebral, el cálido sol, pensar que estoy a unos pasos de “topar” de nuevo a mi amiga, la sensación de que el mar todo lo cura y expía con solo estar ante su presencia y esa paz que no encuentran las mentes atormentadas y/o ociosas.

Un lapsus… Ya es tarde y debo llegar, pero poco me preocupa; no fui tan impuntual. Siete minutos tarde. A unos metros la veo sentada, distraída, muy linda con su delgada y piel morenita. Un hola ¿cómo estás?, un abrazo que es bálsamo, un aroma afrodisíaco (producto de una breve olisqueada) y encuentro del tacto de mis labios con la forma, ya conocida, de sus mejillas.

Al final un «eres el peor, tarde como siempre”.

Angel Moya