Este lugar lo construimos conforme las carencias que nosotros encontramos cuando nos presentamos en otros espacios

Fabián Zusto

Fotografías de Brenda Martínez y La Calaca Cultural

Cuando por fin llegué al número 69 de la Calle 21 en San Pedro de los Pinos, alcaldía Benito Juárez, en la Ciudad de México la casa me resultó familiar. Ni siquiera toqué el timbre, sobre el cual había un sticker de La Calaca Espacio Cultural, porque Fabián Pimentel (Fabián Zusto), me saludó tras de las rendijas de la puerta. Desde que conozco a este sociólogo egresado de la UAM, viste de negro, usa lentes y tiene una cabellera algo larga, parece punk.

Mientras él acomodaba los cartones de chela y las sillas alrededor de las mesas, que se usaron más tarde para el taller de Crónica Literaria (impartido de forma gratuita), releí las preguntas y luego mis ojos repasaron el lugar. 

Las paredes blancas están tapizadas de recuerdos, de historias, de anhelos, de sueños, de esperanzas y de sentires. Con hilos y clips cuelgan las piezas de la reciente exposición de “Gráfica Mexicana”. Al fondo una pared de cráneos me recordó al tzompantli con el que los mexicas honraban a Huitzilopochtli, celebraban la vida y respetaban profundamente la muerte.

-Hola- me dijo Samantha Martínez, también conocida como Zam Horrores. Zam es comunicóloga por la UAM, especializada en fotografía y video. El color de su labial en contraste con su piel blanca, junto a su mirada escrudiñadora, me producen curiosidad. Ella y Fabián son “el esqueleto” de este colectivo. Salimos al área verde o de fumar, construida con tarimas, observé que aún no terminaban el mural de una de las paredes; tomamos asiento en los bancos de madera pintados de colores frente un rack de bicicletas, que me hicieron desear llevar la mía, y árboles. -Este espacio es realmente agradable-pensé.

¿Cómo surgió La Calaca?

“Siempre he estado inmerso en la onda contracultural, tocando en diferentes bandas y me di cuenta que esto no era solo dejarme o pararme el pelo, vestirme de negro, sino que había otras cosas y ahí comenzó mi acercamiento al arte, desde el formal e institucionalizado como museos y academias, hasta el arte alternativo, pues las subculturas lo adaptan y adoptan a su manera. Cuando conocí a Sam armamos Harto Zusto, una banda de música que retoma muchas cuestiones de los Misfits, del horror punk, también elementos de identidad nacional, del cine de terror mexicano donde nació esta necesidad de presentar nuestros proyectos”, contó Zusto. 

Mientras él atiende a los talleristas que acaban de llegar Zam continuó el relato “En 2014 Fabián inició el proyecto junto con Edgar y Emiliano (sin ningún nombre y sin espacio físico). (En 2015) se instalaron en un departamento de pocos metros cuadrados en la Del Valle. Se impartían talleres, había un cineclub y galerías pero el dinero no alcanzaba. A mediados del mismo año conocieron a un psicólogo que les permitió  usar su casa como espacio para realizar actividades pero a partir del Bazar de Horror Decembrino hubo una fractura con los dueños pues no les gustaba el ‘tipo’ de gente que acudía. Entonces nos volvimos itinerantes. Estuvimos en el El Gato Calavera, El Centro de Salud, que aunque son espacios autogestivos no dejan de ser bares y su principal entrada es el alcohol y la única oferta cultural es la música; no hay exposiciones o talleres. Sin embargo, lo que más influyó en la búsqueda de un espacio físico fue que nuestro colectivo quedaba relegado puesto que no lo reconocían, ni a nuestro trabajo, sino solamente al lugar”, explicó Zam.

A nuestra reunión se unió Edgar Alonso, escritor. -Él es parte fundamental de la Calaca- dijo  Fabián mientras el nuevo se acomodaba y exclamaba -Sí se debe dinero yo no soy- con lo que rompió el hielo y nos soltamos a reír. 

“La Calaca no figuraba, un espacio fijo era una necesidad y cuando llegamos aquí (San Pedro de los Pinos) todo lo que habíamos sembrado lo vinimos a cosechar, todo tomó sentido”, respondió Edgar.

¿Por qué se llama La Calaca Espacio Cultural?

“Todo fue por una demanda.  Al principio nos llamábamos Cipactli, retomado de la simbología náhuatl. Antes la única forma de difundir nuestras actividades era de boca en boca o por volantes y un tallerista pegó uno de estos en el metro. Días más tarde nos llegó una querella por 750 mil pesos, nos intentaron embargar y nosotros dijimos: ‘ok, llévense los dos huacales y la mesa, si con eso lo cubrimos’”, relató Edgar de la forma más graciosa posible. 

“Fabián propuso el nombre de La Calaca (en 2015) pero nos explicó que eran las iniciales de Laboratorio de Creación Artística para la Cultura Alternativa, junto con un logo que él mismo diseñó con elementos representativos de la cultura mexicana”, terminó de aclarar luego de nuestro ataque de risas.

¿Cómo describirían a la Calaca?

Es una esencia, un colectivo, porque hemos comprobado que un espacio no nos limita a realizar nuestro trabajo, claro que influyen las condiciones pero sabemos que esto lo podemos lograr en donde sea. No estamos inventando nada pero queremos hacer énfasis en la cuestión independiente, emergente, incipiente, alternativa”,  subrayó Zusto.

Edgar por su parte cree que la Calaca es “como un oasis en una ciudad desértica, no es que lo sea de espacios y centros culturales pero tienen un giro específico y se cierran. Nosotros queremos ser un espacio de expresión, en donde se trata por igual a las personas, desde el que tiene 20 años de trayectoria o el que es su primera exposición”, describió. 

Para Zam esto “es un semillero, nos interesa ser el peldaño en la vida del artista recién egresado, en el que siembra para poder cosechar frutos, en donde pueda mostrar su trabajo”, contestó.

¿Qué diferencias hay entre el proyecto que inició y esta “niña de 4 años” -como la llama Zam-?

“Hace 4 años gritábamos: ‘oigan estamos aquí, hágannos caso’, salíamos a buscar a los artistas o colaboradores. Ahora las personas son las que se acercan nosotros además hemos encontrado formas de dejar de hacer todo gratis y ser autogestivos. Con el tiempo se ha convertido en mi casa, cuando me alejé y regresé me arroparon de nuevo, cada vez somos más y como dice Zam esto ‘es un semillero’ no sólo para los artistas sino también para nosotros mismos que hemos crecido personal y profesionalmente. La evolución ha sido constante, ya no tenemos 2 huacales ahora son 5 y no tenemos una mesa tenemos 5”, dijo Edgar y entendí a la perfección su sentir.  

 

¿Cuál es la experiencia que más les ha hecho crecer?

“Cuando nos frustrábamos porque no había con qué pagar la renta o la luz porque a pesar de trabajar 24/7, algunas personas y artistas no reconocen el esfuerzo que se realiza; nos han dejado plantados, no respetan los horarios o las reglas del lugar”, recordó Zam.

Fabián prosiguió: “Sabemos que las dificultades continúan pero intentamos ver siempre lo bueno. Tenemos muy claro que queremos eliminar los vicios del artista y del ser humano: el egoísmo, el egocentrismo, el individualismo. Un artista puede ser individual pero no por eso ser individualista”. 

Todos somos iguales, aquí los turnos se sortean. Nos ha tocado que nos dicen: ‘Toco pero ponme en horario estelar, o toco y me voy’.  Pero nosotros les pedimos que reserven 5 horas de su vida para quedarse hasta el final. Si los que estuvieron antes se quedaron a escucharte ¿por qué tú no vas a quedarte?. Esto también es una forma de construir redes, de tener contactos, encontrar nuevos maestros, aprender algo de una banda o ligar”, ante esta última palabra recordé que hace poco alguien llamó mucho mi atención aquí. 

¿Quienes son La Calaca? 

“Pues principalmente somos dos (Fabián y Samantha) decimos que nosotros somos el esqueleto y los colaboradores la carnita, actualmente además de Edgar hay un colectivo a la par entre los que están Luis que ilustra el Fanzine o Joaquín. Sumamos unas 10 personas y diversas vertientes como arte urbano, fotografía, diseño y grabado, lo denominamos #SomosLaCalaca”, mencionó Zam.

¿De qué depende la sustentabilidad del proyecto? 

“Estamos desarrollando y ejerciendo el concepto de cooperativa. ‘La Calaca te recibe pero tú qué das a La Calaca’. El espacio se va construyendo de todo eso, de pagos en especie como botes de pintura, brocas, cables, algunos prefieren dar una aportación voluntaria y esta se va a un fondo con el que pagamos reparaciones, desperfectos o lo que haga falta. Por eso le pedimos a todos los que nos visitan que cuiden lo que se les presta. Nosotros queremos que no haya carencias, queremos ser reconocidos por el equipo de calidad y el lugar chido, no solo por un nombre”, destacó Zusto

… ¿Y ustedes?

“Ambos trabajamos como freelance en fotografía y video, serigrafía, en el caso de Fabián, quien también da clases en línea en la SEP para solventar sus gastos”, explicaron.

La Calaca actualmente imparte cursos completamente gratis: fotografía, crónica literaria y guitarra.

¿Qué dificultades han encontrado al trabajar con las instituciones gubernamentales? 

“Nunca hemos estado afiliados a partidos políticos, hemos participado en convocatorias para estos subsidios y nos han dado el apoyo por nuestra dedicación y empeño, pero la burocracia siempre entorpece nuestro trabajo, porque no saben qué es estar en campo, trabajar y tener un proyecto como éste, ellos solo están sentados tras un escritorio. Otra de las denuncias es que seguro dirán que el gobierno fue el que rescató a las comunidades pero no, somos nosotros, son la base trabajadora, los que no perciben sueldo, los que hacen trabajo social, porque nuestros visitantes vienen desde Nezahualcóyotl, Ixtapaluca, Teotihuacán, Atizapán ¿por qué los Faros no están funcionando?, que no sepan a quienés les dan dinero y no se puedan comprobar la existencia de una espacio es su problema pero por ellos pagamos nosotros», comentaron.

¿Hacia dónde va la calaca?

“Agarramos la licuadora y apostamos por todo pero el mismo proyecto exige especialización, ahora dominamos un área del conocimiento, el arte visual, la música y la literatura que están presentes. Nosotros queremos mostrar que hay arte de calidad pero que no es reconocido porque no está en un museo de renombre. El principio de La Calaca no es enriquecerse, si pasa pues qué chido, todos necesitamos comer, pero el objetivo es apoyar toda disciplina artística cultural que lo necesite sin fines de lucro”, contestó Fabián. 

“Además agradecemos a todos los que han participado con nosotros durante estos 4 años, pues sabemos que la colaboración nos hará crecer muy cabrón, y en lugar de transformar esto en un nicho de nostalgia y sueños frustrados, -vamos a tomar café- para compartir anhelos que no se van a poder lograr, mejor hay que juntamos para seguir armando cosas, eventos y que nos conozca gente”, finalizó Zusto

***

Detrás de la fachada de La Calaca hay una historia de resistencia, perseverancia, congruencia y colaboración. Cuatro años de aprendizaje, cambios y trabajo que hoy han posicionado a este proyecto cultural alternativo como ejemplo de que otras formas de creación y colectividad son posibles. Las redes que en La Calaca se han tejido entre artistas, colectivos, público y vecinos son diversas, flexibles y profundas. Una suerte de entramado que junta visiones y experiencias en este ir y venir que es trabajar en el mundo cultural. Ahí, en medio, está Revista Baladí, de donde proviene este pequeño homenaje y gran felicitación a La Calaca.

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