Nuestra constitución política establece el gobierno democrático que debe regirnos, pero no da una definición de democracia

Este año el fenómeno colectivo en boga son las elecciones. La sociedad mexicana es un reto para la sociología electoral. En todo estudio sociológico se debe tomar en cuenta que  los objetivos, deseos y pensamientos del hombre están en constante cambio. Esto debería significar que sus formas de organización y convivencia deben concordar con el cambio aspiracional social. Lamentablemente no podemos decir que nuestra forma de representación democrática se dirija hacia un camino distinto y que se corresponda con este cambio ideológico. ¿Qué pensar de este fenómeno social? ¿Realmente se trata de un proceso social efectivo en nuestro país?

Nuestra constitución política establece el gobierno democrático que debe regirnos, pero no da una definición de democracia. ¿Cómo se puede decretar, y luego ejecutar, algo sin saber lo que es? De hecho todos tenemos una perspectiva distinta de su significado, lo cual es totalmente normal en un grupo heterogéneo. El problema radica en que tal diferencia social y el desinterés por concordar en su definición ha provocado gran dificultad representativa ¿Qué significa entonces la democracia? Tanto histórica como etimológicamente se ha definido como “gobierno del pueblo”. Es aquí donde se abre toda la baraja de posibilidades y opiniones. Un “gobierno del pueblo”  incluye un método de organización sustentado en la inclusión de toda una sociedad, en el interés de todos sus integrantes por participar en las decisiones grupales, por la satisfacción de necesidades, la representación auténtica y la organización general que pueda producir un equilibrio comunitario en todos los aspectos.

Este proceso democrático representativo es una de las piezas clave para poder armar nuestro rompecabezas social actual. Lamentablemente se ha generado un notable desinterés participativo en este mecanismo “social”, y no solamente en nuestro país. Según un estudio realizado en el 2015 por el Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral, dentro de los países en donde el voto está decretado como obligatorio, México  se ubica en el primer lugar en cuanto a abstención de sufragios, con el 36% de su población ausente en las urnas en las elecciones de 2012. Si bien es cierto que en países como Chile, Eslovenia y Suiza el abstencionismo electoral representa más del 50% de su población, nuestro país se encuentra a la cabeza de esta estadística siendo que el voto es obligatorio.  Entonces, ¿qué ha generado tal desinterés por este mecanismo social representativo? Principalmente la notable antipatía de los ciudadanos hacia los partidos políticos. Asociada con una notable ausencia de éstos últimos en temas que procuren el bienestar social y los escándalos de corrupción en los cuales han estado constantemente involucrados. Hay razones importantes detrás de la antipatía electoral, esto nos habla de la notable separación en la relación histórica hombre-representación política, misma que bien podríamos comparar con una relación humana. Los dos integrantes de una relación van avanzando por un mismo camino –el recorrido histórico humano- y uno de ellos –nuestra sociedad- se encuentra a otra persona del sexo opuesto y le coquetea. El otro integrante de la relación -nuestro proceso democrático- responde al coqueteo de la potencial pareja pero después de un instante sigue su camino. Ya separados, ambos anhelan poder seguir caminando juntos pero curiosamente no hacen nada por seguir haciéndolo.

Enfatizando en una de las preguntas inicialmente lanzadas sobre si continúan siendo las elecciones electorales un proceso social efectivo, definitivamente no. Un proceso social efectivo se compone por una serie de interrelaciones recíprocas entre todos los individuos que forman parte de una colectividad. Al no estar conformado por opiniones e interrelaciones de todos los miembros sociales, es imposible que considere resultados que incluyan a todo el grupo. Pero ¿cómo iba a representarla si  esta “pequeña alta sociedad” –gobernantes- está cerrada en sus aspiraciones y opiniones? Si hace hasta lo imposible por alejar a toda la colectividad de sus decisiones y acciones político-sociales. Es decir, cometen el error de creer que sus intereses personales representan a los de la mayoría de la población. Este proceso se ha resumido en una carrera  entre 3 competidores desesperados en crear chismes e intentar hacer tropezar al otro, en vez de concentrarse en su propio trayecto hacia la meta. Su estrategia, basada en lanzar publicidad incesantemente sin importar su contenido, no representa los deseos de nuestra población.

Representar los intereses de toda una sociedad es bastante complicado. El objetivo de tocar este “tema de actualidad” no es el de promover el abstencionismo, ni mucho menos el de hacerle publicidad a un algún contendiente electoral. Tampoco lo es, querido lector, el de hartarlo y confundirlo aún más, sobre su decisión libre y secreta.  Simplemente es el de analizar la posibilidad de empujar más a nuestro sistema democrático representativo para que los hombres a los que coloca en el poder puedan finalmente reunirse con los hombres a los que representa.

Entonces, ¿qué propongo? Es verdad que no se ha logrado dar con un resultado colectivo que históricamente haya beneficiado a todos los integrantes de una sociedad. A la mayor cantidad de opiniones en un grupo, debe seguir una discusión más nutritiva y productiva, y a ella la satisfacción de un mayor número de necesidades. Un diálogo directo entre dos grupos: gobernantes y gobernados,  que se han separado y que deberían re-unirse, o al menos buscar fortalecer su relación. Me encanta imaginar la posibilidad de crear mesas de verdadero diálogo y debate nacionales; foros en donde ambas parte se retroalimenten. Abrir el panorama de opiniones y no solamente limitarse a escucharlas de manera pasiva, sino tratar de incluirlas en las acciones políticas. Buscar y encontrar el equilibrio entre las funciones democráticas y la aspiración poblacional. No solamente participar por participar, sino generar una utilidad a partir de esta participación y que realmente nos podamos encontrar motivados a hacerlo. Tal involucramiento realmente podría crear una democracia auténtica. ¿Qué se lograría? Por lo menos conocer o intentar conocer, escuchar, proponer y mejorar en conjunto.

Fotografía 1: por Rama [CeCILL (http://www.cecill.info/licences/Licence_CeCILL_V2-en.html) or CC BY-SA 2.0 fr (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/fr/deed.en)], from Wikimedia Commons

Fotografía 2: por Senado de la República (Mexican Senate) [Attribution], via Wikimedia Commons