La violencia es un medio de defensa del ser humano que no puede ser erradicada por vías naturales. Pero sí es posible controlarla, regularla y, por lo tanto, disminuirla

La violencia es inherente a los los seres vivos. Posee un carácter instintivo de supervivencia en los animales. Forma parte de la historia del hombre. Violencia al convivir, violencia al construir y desarrollar pueblos, ciudades y países; éstas y otras han sido las modalidades de la violencia en las sociedades. Conforme el hombre va progresando surgen nuevas maneras de violencia. Por lo tanto, cabe preguntar ¿es necesaria la violencia en nuestros grupos? ¿Será que no podemos crecer como especie sin ella?

Imaginemos lo que hubiera pasado si de haber tomado otro camino en la historia. Si removemos las guerras y conflictos violentos del pasado, viviríamos en un mundo muy distinto. No dudo que aun sin violencia hubiéramos podido alcanzar resultados positivos- aunque no sabría decir cuánto nos hubiera tomado. Hay que decirlo, lamentablemente, muchos resultados y circunstancias que actualmente disfrutamos han sido producto de la violencia – de guerras y conflictos. Claros ejemplos son la penicilina y el internet, dos inventos fundamentales en nuestra cotidianeidad y desarrollados en medio de la competencia surgida de conflictos violentos.

En una colectividad pequeña como lo puede ser una familia, una pareja sentimental o simplemente una relación de hermanos, la violencia siempre está presente. Evidentemente en unos casos con mayor fuerza y constancia que en otros. Si hay violencia entre familiares, ¿por qué no la habría entre desconocidos? El problema es la cantidad y la gravedad de esta violencia, así como en su constancia y  brutalidad en la actualidad. Hoy en día nos hemos acostumbrado a convivir rodeados por una violencia desmesurada.

Sus razones de ser me hacen dudar bastante en cuanto a su posible extinción.  La ignorancia, los programas educativos deficientes y la incapacidad de lidiar con las propias emociones e impulsos son las principales fuentes de violencia en nuestras sociedades. Difícilmente se puede hacer cambiar de opinión a una persona, si en la escuela se le enseñó a sostener posturas e ideas inflexibles . El tema educativo es bastante crítico en nuestro país. No muy lejana a esta cuestión está el tema del manejo de emociones, que es mucho menos sencillo de lo que se podría llegar a suponer. Somos humanos, los sentimientos y emociones, entre ellos los que llevan a la adopción de conductas violentas, son un rasgo esencial del hombre, reprimir algo instintivo va en contra de la naturaleza.

En todas las agrupaciones existen elementos que incitan a la violencia. En México existen diversos factores que han creado un ambiente violento a niveles  alarmantes desde que comenzó el siglo XX. Los grupos de crimen organizado aportaron en gran parte a este fenómeno por muchas vías: robos, secuestros, trata de personas y extorsiones. Además, y en mi opinión, ha influido mucho la incapacidad de las autoridades de regular y controlar los niveles de estabilidad pacífica en el país. Hoy en día una persona no piensa dos veces en la comisión de un delito o en la ejecución de un acto violento, ya que en muchas ocasiones dicha actividad no es correctamente sancionada. Existen ordenamientos entonces en nuestro sistema social que no han logrado su objetivo: sancionar, procurar la seguridad y la paz.

La violencia es un medio de defensa del ser humano que no puede ser erradicada por vías naturales. Pero sí es posible controlarla, regularla y, por lo tanto, disminuirla. Podemos contribuir a esto como individuos si evitamos practicarla, si buscamos una manera más eficiente de resolver un conflicto con otra parte. Me parece fundamental entender que hay otras vías para solucionar un problema sin violentar. Para poder contrarrestar los efectos de la violencia en nuestros círculos es necesario, antes que nada, entender el trasfondo del asunto, sus orígenes y sus implicaciones. Al entender el problema se pueden  buscar soluciones en conjunto, en ellas la educación habrá de jugar un papel decisivo.