Donde hay un cerebro, hay psicología

Dra. Olga Rojas

Esta es una de las preguntas en que nos vemos inmersos con frecuencia las personas que pretendemos comprender (sólo un poco más) la conducta. Mientras algunos enfoques se centran en comportamientos de animales no humanos como primates, roedores o aves, otros más prefieren atender las manifestaciones conductuales humanas (como los humanos somos una especie más en este mundo, lo correcto es nombrarnos como animales, en el sentido literal y figurado).

El campo psicológico cuenta con una diversidad tan vasta que asombra, pero esta diversidad de aplicación es tan poco conocida socialmente que a ello debo el título de este texto. Es común entre las personas que estudiamos psicología escuchar a conocidos y desconocidos que ya tienen quien les quite la locura, o quien les brinde psicoterapia en las fiestas a cambio de un módico agradecimiento, porque de dinero ni hablar. Es lo único que al parecer sabemos hacer

La realidad es que en el maravilloso y enriquecedor camino del estudio del comportamiento, afortunadamente hay muchas más perspectivas que la del famoso médico vienés Sigmund Freud y su psicoanálisis. Hay una enormidad de pareceres, tan contrastantes y polémicos, como necesarios y respetables, que apuntan a explicar por qué somos como somos,  por qué le tememos a lo que le tememos, y, hasta por qué elegimos como presidentes a la clase de personajes que encuentran en un pódium al confidente de sus (muchas veces indignantes) decisiones.

Merece también su reconocimiento la larga lista de ámbitos y ambientes de aplicación de los estudios psicológicos: las personas, los grupos, las comunidades, las empresas, los hospitales, los consultorios, las universidades, las escuelas y los laboratorios. Coincidiendo con el decir de la Dra. Olga Rojas, destacada docente de la Facultad de Psicología de la UNAM: donde hay un cerebro, hay psicología. Solemos olvidar eso al acotar en demasía las tareas en que podemos resultar beneficiosos los profesionistas y futuros profesionistas de la disciplina, sea por voces externas o porque no nos consideramos capaces.

El mundo, en su vertiginoso avance, se ha convertido en un fecundo espectro de estudio que debemos esforzarnos en apreciar más y en difundir e impactar con las investigaciones y aplicaciones que marquen una pauta para el futuro inmediato. Hemos de reforzarnos, renovarnos y principalmente posicionarnos como una disciplina diversa, que no solo problematice sino que ofrezca soluciones. Sobre esto último, hemos de admitir que podríamos hacerlo mejor, porque, finalmente, no, no solamente psicoanalizamos, hacemos psicología.